Marcelino, un técnico exigente que sube de nivel tras brillar con modestos

Por  21:01 h.

Sevilla: Marcelino, ayer, en Santander, explicando su marchaCuando sonó el teléfono y reconoció quién hablaba al otro lado de la línea, Marcelino García Toral (Careñes, Asturias, 1965) sintió que, por fin, había llegado esa gran oportunidad de la que se ha hecho acreedor en los últimos años. Marcelino, que a principios de la semana que viene será presentado como nuevo entrenador del Sevilla, sube de nivel y, por primera vez desde que dirige equipos de fútbol, en su discurso se le escucha hablar de títulos. Sus equipos suelen estar bien plantados en el campo, y le gusta la disciplina, hacer daño a la contra, explotar las bandas y trabajar la estrategia. Ojo: es un técnico muy exigente con jugadores y directivos.

Salido de la escuela de Mareo, Marcelino fue un prometedor centrocampista de creación que destacaba por su buena técnica. Díaz Novoa lo hizo debutar con 20 años en el Sporting de Gijón, donde estuvo cuatro temporadas. Fue internacional sub 21 y llegó a la final del Mundial juvenil de 1985. Sin embargo, constantes lesiones le impidieron tener la continuidad necesaria y tuvo que emigrar al Racing de Santander y el Levante. Con ambos equipos descendió a Segunda división B y, con apenas 25 años, la edad en la que muchos futbolistas despegan, colgó las botas.

Entonces se hizo entrenador. Su primer equipo profesional fue el Sporting de Gijón, del que se hizo cargo en la 03-04 tras haber descendido antes a Tercera división con el filial. Muchos no entendieron aquella decisión del club astur, que, anclado en Segunda división, estaba sumido en una grave crisis institucional. Sin embargo, Marcelino se quedó muy cerca de lograr el ascenso en el primero de los dos años que estuvo en El Molinón. Aún recuerdan que fue él quien devolvió la ilusión a una afición que andaba muy alicaída.

Historia en Huelva

En Gijón no sentó bien que, en lugar de continuar, decidiera marcharse al Recreativo de Huelva, con el que fue campeón de Segunda en la 05-06. Al año siguiente, ya en la máxima categoría, el Decano completó la mejor temporada de su historia, acabando en octava posición.

Marcelino, que tuvo a sus órdenes a futbolistas tan interesantes como Uche, Sinama-Pongolle, Cazorla y Jesús Vázquez, creyó haber tocado techo en Huelva y prefirió cambiar de aires. Tuvo negociaciones muy avanzadas con el Betis, pero la operación se truncó en cuanto le pasó a Manuel Ruiz de Lopera una lista de bajas en la que aparecían catorce futbolistas. El que fuera máximo dirigente bético no aceptó sus exigentes condiciones y el técnico terminaría encontrando acomodo en el Racing de Santander, club con el que también haría historia: finalizó la Liga en sexta posición, clasificándose para la Europa League y llegando incluso a las últimas jornadas con opciones de pelear por entrar en la Liga de Campeones.

Por aquel entonces, Marcelino era algo más que un prometedor entrenador. Era una realidad, uno de los técnicos de moda, y su nombre empezó a sonar para dirigir a equipos con alto caché. Como sólo había firmado por una temporada con el Racing, tuvo libertad absoluta para ampliar sus miras. Su incorporación al Valencia estuvo prácticamente hecha, aunque discrepancias a última hora frustraron el acuerdo.

Valiente paso atrás

Entonces llegó la gran sorpresa. Aceptó un difícil reto: intentar devolver al Zaragoza a Primera división. Lo consiguió. Los maños, sólo superados por el Xerez, volvieron a estar entre los grandes. Después llegó la hora de liderar un proyecto con ciertas aspiraciones, pero, en cambio, lo que se produjo fue el único lunar en su carrera. Su divorcio con la dirección de la entidad fue manifiesto desde que sus peticiones concretas de fichajes no fueron atendidas y, tras catorce jornadas y con el Zaragoza en puestos de descenso, Marcelino fue cesado.

José Aurelio Gay salvó al Zaragoza y Marcelino se tomó un respiro. Comenzó esta temporada lejos de la competición, aunque a mitad de curso atendió la llamada del Racing pidiendo auxilio. Lo vivido en Santander tres años atrás y la por entonces ilusionante llegada del indio Alí Syed lo convencieron. Su trabajo volvió a ser excelente, tanto que el Racing consiguió remontar y lograr la permanencia sin demasiado sufrimiento.