Míchel: “Estaría bueno que no escucháramos al presidente”

Por  0:30 h.

> Míchel CREE QUE EL SEVILLA TODAVÍA TIENE OPCIONES DE ACABAR EN LA CUARTA POSICIÓN

«La plantilla no es frágil, pero sí tiene desconfianza en sí mismos y eso lleva a que los partidos se compliquen

«Cuando el Sevilla se propone ir a por un partido, lo saca; me ilusionaba ser local en Nervión por el ambiente

—¿Cómo está el equipo tras el decepcionante partido en El Molinón?
—En lo deportivo estamos como al principio, hace un mes. Habíamos dado síntomas de recuperación, pero la derrota ante el Sporting ha frenado las aspiraciones que teníamos. Ahora debemos recomponernos y, por lo que veo en los entrenamientos, estamos en el camino de hacerlo, pero no debemos tener errores como los del otro día.

—¿Qué explicación tiene la primera parte del sábado pasado?

—Nos habíamos llevado toda la semana insistiéndole a los jugadores que teníamos que tener cuidado porque estábamos en una buena racha y no podíamos tener otro tropezón, pero el equipo volvió a parecerse al de Anoeta. Tuvimos veinte minutos malos, en los que permitimos que el rival se metiera en el partido, y, desde luego, no estamos en condiciones de complicarnos la exisntecia nosotros mismos y de darle facilidades a nadie.

—¿Por qué se decantó por Fazio como mediocentro cuando ya se ha demostrado en repetidas ocasiones que no es su sitio?

—Teníamos otras dos alternativas, Campaña y Guarente, pero entendimos que él, que, al margen de sus conceptos defensivos tiene cualidades para sacar el balón jugado. Guarente está entrenando con alegría, pero sabíamos que nos esperaba un partido muy físico, mientras que Campaña había pasado una semana dura con todo lo que se generó en torno a él. De todas formas, no creo que el problema fuera Fazio, más bien estuvo en que Reyes y Rakitic no encontraron su sitio por delante.

—¿Entiende que Del Nido, viendo que el equipo no espabila del todo, se haya puesto serio con los jugadores?

—Él es un presidente muy intenso en todas las facetas y veo bien que le haga saber a los jugadores y al cuerpo técnico qué es el Sevilla y qué hay que hacer para no defraudar a la afición y a la institución. Ha dicho lo que ha dicho pero también es cierto que es el primero que tira de nosotros. No he hablado con los jugadores de este asunto, pero sé que se sienten responsabilizados con la situación. Los futbolistas son los grandes protagonistas de este juego y ahora no podemos dejarlos de lado y señalarlos.

—¿Se equivocan quienes piensan que ésta es una plantilla frágil en el plano mental?

—No creo que sean tan frágiles. Diría más bien que tienen desconfianza de sí mismos, y eso se convierte en presión, tensión e inseguridad, aspectos que conducen a que los partidos se compliquen. Si se analiza el juego del equipo en la segunda parte y en un tramo de la primera, jugamos como queremos y tuvimos ocasiones para haber sacado un resultado mejor, pero también es cierto que fuimos nosotros quienes les concedimos las tres ocasiones que tuvieron.

—Ya dijo en su presentación que su trabajo iba a consistir en gran medida en recuperar el ánimo de los jugadores.

Sin lugar a dudas, así está siendo, porque hay un grupo de jugadores muy buenos, de mucho nivel, pero tiene que estar enganchado permanentemente. No nos podemos quedar en los tres buenos partidos que hicimos contra Osasuna, Valencia y Atlético de Madrid, como tampoco ahora debemos quedarnos atascados en esta última derrota.

—¿Falta un líder en este vestuario?
—Tal y como está el fútbol en estos momentos, con tantos movimientos en el mercado, es difícil encontrar verdaderos líderes en un vestuario porque es complicado que un futbolista eche raíces en un sitio. Antes había una docena de futbolistas que llevaban mucho tiempo en el club, que es como tendrían que ser las cosas, y ahora encontrar a alguien que esté cuatro o cinco temporadas en el mismo sitio es raro.

—¿Está perjudicándole al Sevilla el hecho de encontrarse en una zona en la que no estaba acostumbrado a estar?
—En cierta medida influye, porque hasta los extranjeros recién llegados saben que el Sevilla, por los títulos que consiguió en el pasado reciente, debe estar por detrás del Real Madrid y el Barcelona. Esa buena presión se nota cuando se llega al club, y hay que saber llevarla. Ahí está el caso del Villarreal: veo la clase de jugadores que tienen y que ahora están irreconocibles porque, pese a estar en el lugar que les corresponde, como nosotros, no están habituados a estar en la zona baja. Cuando te hundes, rápidamente pierdes el valor y las buenas sensaciones que has tenido en las alturas, por lo que considero que no hay cosa peor en el fútbol que estar luchando por no descender.

—¿Les metió mucha presión Del Nido cuando dijo que los jugadores sólo tienen dos opciones: clasificarse para Europa sí o sí?
—Claro que sí, pero estaría bueno que no escucháramos al presidente y que no le diéramos la razón cuando él es el que llena el depósito de gasolina de este club y, además, no dijo nada que se saliera de lo normal. El presidente no se mete en mi trabajo, pero se involucra al máximo hasta el punto de que me llama todos los días para ver cómo está el equipo; nos trata, nos quiere y nos exige como si fuésemos sus propios hijos, de ahí que me parece normal que dijera lo que dijo.

—¿Qué opinión tenías del Sevilla cuando lo veías por televisión en la pretemporada?
—Por los jugadores que tenía y el entrenador que había fichado, pensaba que sería una alternativa al Valencia. Ahora pienso igual, pero no puedo obviar la realidad actual. Cuando no hay confianza, muchas cosas que tienen que caer para un lado terminan cayendo para el otro, pero ahora no hay que jugar pensando en quiénes éramos sino en quiénes somos.

—¿No clasificarse para la Liga de Campeones sería un fracaso?
—Cuidado con la palabra fracaso. Esta Liga es muy igualada, hay mucha competencia y, al final, alguien se tendrá que quedar fuera. Si el Real Madrid gana la Liga logra un éxito, ¿pero si no es así hay que hablar de fracaso? No voy a hablar de matemáticas, sino de posibilidades. Veo al equipo y creo que aún las tiene. Tenemos doce jornadas por delante y debemos aprovecharlas, aunque sólo lo conseguiremos si somos conscientes de quiénes somos y de qué tenemos que hacer en cada momento. El calendario va a ser duro, pero no sólo para nosotros. Aspiro a que el equipo esté bien el próximo día y a que se olviden de la Liga de Campeones, de cuentas y calculadoras, porque cuando te distraes echando números no te estás preocupando de lo realmente importante, que es el siguiente partido. Si tuviera la certeza de que el equipo va a dar la medida de los tres buenos partidos que hemos tenido, estaría tranquilo porque esa medida fue muy alta.

—Esa misma medida se antoja imprescindible si se quieren tener opciones ante el Barcelona mañana…
—He visto el partido del año pasado y el 90 por ciento de esos jugadores que estuvieron a punto de ganar a un Barcelona excelso van a jugar. Además, tenemos la ventaja de contar con una afición que no nos va a dejar nunca. Cuando este equipo se propone ir a por un partido, lo saca. Tenemos que ir a por ellos. Luego pueden pasar dos cosas, y ninguna mala: que las cosas salgan bien y logremos un gran resultado o que, por el contrario, no salgan bien, algo en lo que no pensamos pero que, al menos, te dejaría un buen sabor de boca.

—¿Jugar a contraestilo puede ser el camino para lograrlo?

—Tenemos necesidad de puntos. Sólo nos vale ganar, y cuando quieres hacerlo tener el balón es fundamental, por lo que queremos tenerlo. Ellos, cuando dominan la posesión, sacan a relucir todo el esplendor de su fútbol, pero cuando no lo tienen sufren. Ahí va a estar la lucha.

—El problema es que el Barcelona tiene a un tal Messi que, él solo, puede ganar el partido.
—Es capaz de darle la vuelta a un encuentro en cualquier momento, pero para que le llegue el balón a Messi intervienen otros jugadores. Si Xavi, Iniesta o Cesc jugaran de albiceleste, Argentina sería mejor.

—¿Messi o Cristiano Ronaldo?
—No entiendo por qué hay que elegir. Messi es un fenómeno, siempre sale el sol por su lado. Y Cristiano tiene unas condiciones extraordinarias. Es un goleador tan maravilloso como atípico, porque no vive en el área. No hay otro como él.

—¿Cómo se siente en el Sevilla?
—Yo, siempre que esté vinculado al fútbol, estoy contento, y ahora lo estoy aún más si cabe porque tengo la oportunidad de entrenar a un equipo como el Sevilla. Me gusta el club y he podido constatar en primera persona todo lo bueno que suponía desde fuera. Aunque éste pueda no ser un buen año, se ve que tiene capacidad para renovarse. Ojalá pueda estar aquí mucho tiempo, porque, además, Sevilla es una ciudad en la que el fútbol se vive permanentemente en la calle, donde se palpa la rivalidad y el cachondeíto entre las aficiones. Me ilusionaba jugar como local en el Sánchez-Pizjuán, esa sensación de no poder hablar con los jugadores durante el partido porque no te escuchan con el rugido de la afición.

—¿Ha hablado de fichajes o del futuro con Monchi y Del Nido?
—No. La dirección deportiva tiene su plan previsto y yo sé que mi continuidad depende de que nos clasifiquemos para Europa. No pienso en lo contrario, sino en que me van a tener que por narices.

—¿Ha quedado ya con Gordillo o todavía no?
—Aún no, pero ya encontraremos el momento. Es mi amigo y estoy convencido de que no quiere que me vayan mal las cosas. Lo nuestro es lo mismo que ocurre en muchas casas de Sevilla, donde hay dos hermanos y uno es del Betis y el otro del Sevilla.

—Se intuye que tiene ganas de derbi…
—De lo que tengo ganas es de que el equipo esté bien. No quiero que el derbi tengamos que utilizarlo para justificar la temporada.