La leyenda madridista que tiene un sueño pendiente

Por  18:55 h.

Sevilla: Míchel, entrenador del SevillaMíchel es una leyenda del madridismo. Llegó al club de Concha Espina con 13 años, siendo infantil, y en mayo de 1996, tras marcar el 4-0 de un Real Madrid-Mérida, besó el césped del Santiago Bernabéu y se marchó ovacionado del campo en el que había jugado doce temporadas —poco después colgaría las botas definitivamente en el Atlético Celaya mexicano junto a Emilio Butragueño— y con el que, salvo la Liga de Campeones, lo ganó todo: 6 Ligas, 3 Copas de Rey, 2 Copas de la UEFA…

La segunda perla más brillante de la inolvidable Quinta del Buitre, aquél que con el ocho a la espalda centraba y golpeaba el balón con una pierna derecha rebosante de elegancia, sigue ocupando un lugar especial en la memoria del madridista de a pie. Por lo tanto, y aunque la expresión sea un manido tópico balompédico, cuando Míchel entre al majestuoso estadio de La Castellana estará volviendo a su casa.

Curiosamente, Míchel todavía no sabe lo que es ganarle al Real Madrid. «Si le echas una carrera de coches a Fernando Alonso lo más normal es que él siempre gane», ironizaba al respecto durante la semana el entrenador sevillista, quien, en las dos últimas campañas, cuando dirigía el banquillo del Getafe, salió derrotado de los cuatro encuentros que le enfrentaron al equipo de su vida: 2-4 y 2-3 en el Alfonso Pérez; 2-0 y 4-0 en el Bernabéu. «Nunca me fijo en las estadísticas. En el Getafe tenía un equipo con menos recursos de los que dispone el Sevilla y siempre salí a ganarle al Real Madrid, y esta vez no va a ser distinto», añadió.

Míchel tiene un sueño, y ése es tan claro como entendible: poder entrenar algún día al Real Madrid. Otra cosa es que pueda ser posible. Realmente, está muy bien considerado por la gente que lleva toda la vida en el club y con los que coincidió durante tantos años, aunque la política del club, la que ha marcado la gestión de Florentino Pérez en los últimos años, le da muy pocas opciones a día de hoy. El presidente madridista sólo accede a confiarles el equipo a técnicos con un brillante currículum —de ahí que contratara a golpe de talonario a José Mourinho, que aspira a controlarlo absolutamente todo como estilan los grandes «managers» del fútbol inglés—, y eso, currículum, es lo que le falta a Míchel, quien en su presentación como entrenador del Sevilla hasta el final de la temporada no tuvo reparos en reconocer que el conjunto sevillista era una buena «lanzadera».

Mucho camino por recorrer

Dentro de lo que cabe, Míchel es un técnico joven con poca experiencia en los banquillos pero con mucho fútbol a sus espaldas. Hay quien piensa que se le escapó un inmejorable tren cuando Ramón Calderón le ofreció dirigir al Castilla, con el que, pese a tener a sus órdenes a una excepcional generación de futbolistas —Granero, De la Red, Borja Valero, Mata, Negredo y Callejón, entre otros—, descendió a Segunda división B. Después fue nombrado coordinador de la cantera, aunque su negativa —entre otras razones— a precipitar la subida de jóvenes valores al primer equipo como demandaba la cúpula forzó su dimisión.

Mañana, ante un Madrid que ya quiere cantar el alirón —lo hará si gana y pierde el Barcelona—, los jugadores sevillistas buscarán cualquier resultado positivo que los relance en la lucha por Europa. Míchel, además, querrá mostrarse en el mejor escaparate. Una cuestión de sueños.