Capel, la promesa que se quedó a medias

Por  15:13 h.

Con tan sólo 22 años, y después de cuatro temporadas teniendo un sitio fijo en la primera plantilla, es casi generalizada la sensación de que Diego Capel se había estancado, de que no iba camino de ser el futbolista desequilibrante que se presumía cuando entusiasmaba en aquel filial entrenado por Manolo Jiménez. No en vano, el segundo jugador más joven en debutar con el Sevilla (lo hizo de la mano de Joaquín Caparrós con 16 años, siendo sólo unos meses mayor que José Antonio Reyes) acabó convirtiéndose en el suplente de Perotti; un buen recambio, sí, pero la segunda opción para una banda, la izquierda, que ahora está bien cubierta. Por eso, el club, que precisa dinero líquido para firmar al delantero que le falta, no ha dudado en aceptar la oferta de 3,5 millones más variables que le ha presentado el Sporting de Lisboa.
Tal y como está el mercado futbolístico en la actualidad, puede considerarse una buena venta, pese a que esta cantidad queda lejos, lejísimos, de la "suculenta oferta" (así la tildó José María del Nido) de unos 16 millones que el Tottenham de Juande Ramos hizo en el verano de 2008. Eran otros tiempos. Capel estaba de moda. En su primera temporada como jugador del primer equipo (había debutado tres años antes, aunque de forma testimonial), sus incisivas galopadas por la izquierda y sus inverosímiles regates ayudaron a reavivar los ánimos de una afición conmocionada por la muerte de Antonio Puerta, con el que estaba llamado a compartir la banda zurda.

Había surgido un jugador distinto, con ganas y desborde, de ésos que gusta ver y por el que, incluso, se interesaron Real Madrid y Barcelona, aunque el Sevilla, que ese verano había traspasado a Poulsen, Keita y Daniel Alves (ahí es nada), se hizo fuerte y lo retuvo. Todos querían a Capel y Vicente del Bosque, en su primera convocatoria como seleccionador nacional, lo hizo debutar en un amistoso en Dinamarca (0-3). Jugó la segunda parte y recogió un buen puñado de elogios por su actuación. Semanas después, fue titular y, sin duda, uno de los mejores en la victoria de España sobre Bosnia (1-0) en partido de clasificación para el Mundial de Sudáfrica. Prácticamente, todo el peligro del combinado español llegó por la banda izquierda, la de Capel, que una y otra vez lo intentó, superando a su par y rompiendo la defensa rival. Fue una pesadilla para los bosnios, que sólo pudieron pararlo a base de patadas.

Hasta hoy. Ésa fue la última vez que Capel formó parte de la selección absoluta. Había hecho un gran partido, pero a muchos críticos no les gustó que hiciera la guerra por su cuenta. Dijeron que fue muy individualista, un solista que iba por libre en una orquesta bien acompasada. Lo devolvieron a la sub-21, con la que este verano se ha proclamado campeón de Europa (fue determinante en los pocos minutos que jugó) y se ha ganado un puesto en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

En estos años como sevillista, Capel ha jugado bastante, pero se quedó en un buen relevo con protagonismo limitado a momentos puntuales, como en la final de la Copa del Rey de 2010, cuando marcó el primero de los dos goles que el dieron el título al Sevilla ante el Atlético de Madrid en el Nou Camp. Ha seguido corriendo por la banda, haciendo su fútbol, pero su puñal cada vez tenía la punta menos afilada. Y su cabeza, siempre agachada, escorándolo demasiado. Un cambio de aires le vendrá bien. Sólo tiene 22 años.