El reto de Míchel: impedir más “bandazos” en un equipo frágil

Por  21:53 h.

Sevilla: Kanoute y Jesús NavasNadie se fía de este Sevilla. Motivos de sobra hay para ello. Tanto es así que por Nervión son muchos los que no tendrían inconveniente alguno en que esta temporada tan angustiosa terminara cuanto antes para hacer borrón y cuenta nueva. Pero no, aún restan once jornadas, que son bastantes y suficientes para maquillar lo acontecido o, por el contrario, para terminar de estropearlo. Hay tiempo de sobra para cualquier final. Ojo.

Ahora más que nunca, el club está en manos de sus jugadores, los mismos sobre los que recaen fundadas sospechas de un tiempo a esta parte. Hay quien duda de la valía o fiabilidad de algunos de sus integrantes; otros, y esto sí que es un problema muy serio, temen que la cohesión dentro del vestuario sea la recomendable. Míchel, desde el primer día que ofició de entrenador del Sevilla, les dijo, siempre con buenos modos y en un tono muy amistoso, que todo depende de ellos. Su mensaje, en principio, surtió efecto: obviando lo sucedido en Anoeta, con las victorias ante el Osasuna y el Valencia y con el empate frente al Atlético de Madrid, dio la sensación de que cambiaba el aire en Nervión. Sin embargo, luego llegó la derrota en El Molinón, donde puede que el equipo perdiera mucho más que sólo tres puntos. Su fragilidad volvió a quedar de manifiesto, como si lo acontecido en las tres jornadas anteriores hubiese sido un mero espejismo, como si realmente no se hubiera iniciado una nueva etapa.

Sería inexacto afirmar que Míchel tiene que empezar de cero, pero casi. Ante una semana que puede resultar trascendental con las previsiblemente incómodas visitas a Santander y a Granada, el técnico madrileño tiene que reactivar como sea a un plantel al que José María del Nido ya le leyó muy seriamente la cartilla, sin que semejante toque de atención público fuera suficiente para, al menos, incomodar al Barcelona, que se topó con un rival con más nombre que verdadero peligro.

Pitos a Reyes y Rakitic
Inmersos en un Sevilla impotente, el sábado la grada del Sánchez-Pizjuán despidió mayoritariamente con pitos a Rakitic y Reyes. Ya estaban advertidos, pues no es nuevo el desencanto del público sevillista con ambos, que desaparecen de los partidos con una frecuencia alarmante. El caso del utrerano es especialmente inquietante, ya que llegó en enero con la intención de convertirse en el revulsivo que liderara la recuperación del equipo y, sin embargo, dos meses después, está lejos, muy lejos de lo que se esperaba de él y de lo que es capaz de dar. Si las palabras no bastan, ¿es el momento de tomar alguna medida drástica? ¿Optará Míchel por sentarlo en el banquillo en El Sardinero, con lo que ello podría suponer teniendo en cuenta la peculiar personalidad de este futbolista, o, en cambio, seguirá esperándolo y confiándole una camiseta de titular?

«Creo que los dos quieren, lo que pasa es que no están teniendo acierto», indicó ayer en Onda Cero el secretario técnico, Víctor Orta, quien rompió una lanza en favor del centrocampista croata: «No pretendo escudarlo, pero su lesión ha sido un proceso complicado en el sentido de que no ha podido tener un mes de pretemporada como es de recibo». Sobre las críticas que apuntan hacia una falta de implicación por parte de los futbolistas, Orta reconoce que «hay que exigirles más», aunque considera que «acusarles de falta de actitud y de no querer» es «algo grave».

El secretario técnico no tiene reparos en reconocer la inestabilidad que ha venido evidenciando el Sevilla en el presente ejercicio, en el que ha sido incapaz de sobreponerse a algunas de las adversidades que se ha encontrado. «Anímicamente, estamos dando bandazos y no estamos cogiendo las sensaciones adecuadas para que el rendimiento sea más regular», afirmó Orta, quien lamenta la «irregularidad» del grupo de jugadores y la ausencia de «una referencia a la que poder agarrarse».

Evidentemente, este Sevilla tiene futbolistas que en el pasado fueron grandes referentes —Kanouté, Negredo, Jesús Navas o Perotti, por ejemplo— y que este año, por diferentes motivos y salvo en encuentros puntuales, no están ejerciendo ese liderazgo sobre el terreno de juego, con todo lo negativo que ello conlleva. Un equipo sin referentes es un equipo desnortado, y este Sevilla lo está siendo varias veces. Sobra decir que urge recuperar cuanto antes la mejor versión de los que son los mejores.