Renato, el último superviviente de la «quinta de los brasileños»

Por  5:00 h.

Sevilla: Renato podría marcharse a BrasilCorría el año 2002, el Sevilla F. C. afrontaba su segunda temporada en Primera división tras su último ascenso de categoría un año antes y Monchi tenía la tarea de reforzar un equipo con ambiciones de retornar a competiciones europeas. En el mercado de invierno llegaba a las filas del primer equipo un jovencísimo Daniel Alves, procedente del Bahía, que sumaba el primer brasileño a una plantilla dirigida por Joaquín Caparrós, objeto de deseo ahora para el banquillo del Ramón Sánchez-Pizjuán.

Hasta entonces, la nacionalidad predominante en el plantel sevillista había sido la uruguaya, al margen de la española claro está. Los Otero, Podestá y Olivera hacían que Paco Casal fuera un intermediario principal en las incorporaciones sevillistas.

Sin embargo, y tras la salida de los charrúas, el director deportivo sevillista empezó a fijarse con mucho éxito en el mercado brasileño. Tras una temporada discreta de Daniel Alves, aún muy verde y falto de adaptación, Monchi decidía traerle a Caparrós un mediocentro fuerte y con potencia que se destaparía después como un magnífico goleador.

Julio Baptista, en su primer año en el Sevilla, anotó 20 goles y se hizo capitán general en un equipo que regresaría a Europa con su sexto puesto en la tabla. Centrado en afianzar un club que participara asiduamente en competiciones continentales, en la temporada 2004/2005 llegarían al primer equipo dos futbolistas que también se convirtieron en dos inversiones muy rentables para el club sevillista. Adriano y Renato aterrizaban en Nervión y pronto se harían con un puesto de titular en el once de Caparrós, que se marcharía a final de temporada tras ver cómo se le escapaba de las manos la clasificación para la Liga de Campeones en las últimas jornadas.

Con la presencia en el plantel sevillista, un último brasileño completaba una quinta que no tardaría mucho en romperse. Procedente del Oporto portugués aterrizaba en Sevilla Luis Fabiano, talentoso e inmenso delantero que apenas había triunfado en Europa por diversos problemas. Pero ese mismo verano, las dos grandes temporadas de Julio Baptista hicieron que media Europa se fijara en él, y que el futbolista cogiera las maletas rumbo a la capital de España para jugar en el Real Madrid.

La quinta de los brasileños perdía a su primer miembro justo antes de la temporada que engrandecería a nivel europeo al Sevilla de los títulos. Con Renato, Daniel Alves, Adriano y Luis Fabiano, el club de Nervión levantó un total de cinco títulos. Dos Copas de la UEFA, en las que Luis Fabiano fue protagonista en Eindhoven al abrir el marcador, y en la que Adriano destacó en la segunda, conquistada en Glasgow, con un gol ante el Español. También hubo participación brasileña en las dos Supercopas conquistadas, la española y la europea. En ambas, Renato formó parte de la relación de goleadores. Histórica fue su participación en la vuelta de la competición española, en la que el mediocentro convirtió dos goles para el Sevilla en su recital en el Santiago Bernabéu.

Sin embargo, como era lógico, aquel Sevilla triunfal, que enamoraba a toda Europa con su fútbol vertical y de juego por bandas, liderado por un Daniel Alves imperial, no podía sostenerse demasiado tiempo por las ambiciones de progresar lógicas de algunos futbolistas.

El primero en abrir la veda fue el propio Alves. Ya en el verano de 2007 el jugador se declaró en rebeldía para forzar su salida, rechazada por el club al no atender la oferta del Chelsea. Con la promesa del club de abrirle las puertas en el futuro, el lateral jugó una temporada más antes de partir hacia Barcelona para enrolarse con los de Guardiola. El Sevilla se embolsaba más de 34 millones de euros por el mejor lateral del mundo.

También rumbo a la ciudad condal partiría Adriano Correia, que ya había adoptado la pauta habitual para abrir las puertas a su salida. En repetidas ocasiones, durante la temporada anterior y la pretemporada de la 2009-2010, el de Curitiba había declarado que era «hora de progresar en su carrera».

Y así llegamos a la presente campaña. Luis Fabiano, que se había cansado de pedir su marcha ante ofertas procedentes del Milan o el Olympique de Marsella, vio cómo el tren de su salida a un grande del fútbol se esfumaba. Tras un Mundial en el que Brasil decepcionó, no en su caso, el goleador sevillista afrontaba una temporada en la que la decepción de caer en la previa de la Liga de Campeones, la dificultad de alcanzar de nuevo ese objetivo y el proyecto de renovación del primer equipo le abrían las puertas. Una lesión de rodilla en Bilbao, unida al interés del equipo de su alma, el Sao Paulo, le puso el billete en la mano para regresar a su país.

El último miembro de esta peculiar quinta, Renato, el jugador que está cerca de ser el extranjero con más partidos en el club, también dirá casi con toda seguridad adiós este verano. Las incorporaciones de hombres como Medel y Rakitic, y algún otro nombre más que llegará a reforzar el mediocentro, le abren las puertas al regreso a un equipo de su país. Será el fin de una quinta memorable..