Y la gloria llegó en el Camp Nou

Por  21:20 h.

Lo tenía prácticamente todo en contra. Por la distancia que los aficionados han tenido que recorrer para arropar a sus jugadores; por que físicamente podía parecer que el Sevilla llegaba más cortito que su rival; porque se venía de un año muy complicado y quizás también porque el Atlético parecía que llegaba a esta final con la estela ganadora de la pasada semana en Hamburgo, pero eso le dio igual a los hombres de Antonio Álvarez y con dos goles, uno abriendo el partido y el otro postrero, el primero de Diego Capel y el segundo de Jesús Navas, hicieron que la Copa de Su Majestad El Rey volviera a la capital hispalense, siendo el quinto título copero conseguido por la entidad de Nervión en su historia.

At. Madrid 0 Sevilla FC 2
0 – Atlético de Madrid
De Gea; Ujfalusi, Perea, Álvaro Domínguez, Antonio López; Simao (Jurado, min. 60), Tiago, Assunçao (Raúl García, min. 60), Reyes; Forlán y Agüero.
2 – Sevilla FC
Palop; Konko, Squillaci, Escudé, Luna; Jesús Navas, Zokora, Renato, Diego Capel (Perotti, min. 88); Kanouté y Negredo (Romaric, min. 67).
Goles
0-1, min.5: Diego Capel. 0-2, min.90: Jesús Navas.
Árbitro
Mejuto González (Colegio asturiano). Mostró tarjeta amarilla a Renato, Ujfalusi, Luna, Squillaci y Kanouté. Expulsó al delegado del Sevilla Cristóbal Soria, tras una refriega que protagonizaron los jugadores e incluso los banquillos de ambos equipos.
Incidencias
Final de la Copa de S.M. El Rey. En el Camp Nou de Barcelona, unos 32.500 espectadores sevillistas, sobre un aforo de 98.000. Hubo mayoría de aficionados colchoneros en el coliseo barcelonista. Noche muy agradable en la Ciudad Condal y terreno de juego en perfectas condiciones.

Ambos equipos salieron con los onces más esperados, porque ante la baja de última hora de Adriano, Álvarez apostó por darle la camiseta de titular, con el 37 a la espalda, a Antonio Luna, que tuvo que lidiar primero con Reyes y luego con las continuas subidas de Ujfalusi desde el lateral derecho atlético. Y muy pronto comenzó movido el partido, porque desde el saque inicial los dos equipos hilvanaron jugadas de ataque, aunque parecía que se imponían los defensas a los delanteros, o había imprecisiones en los pases finales, que impedía que hubiera peligro en las áreas. Hasta el minuto 5 de juego, donde la primera ocasión clara del partido, fue para el Sevilla y fue para dentro. Jugada personal de Jesús Navas que empezó ‘tirado’ pegadito a la línea de cal y se fue poco a poco hacia el centro, el de Los Palacios disparó muy duro y Álvaro Domínguez taponó el balón, dejando el esférico muerto en la corona de área, donde apareció Diego Capel para sacarse un zurdazo impresionante, sortear a los jugadores que tenía por delante, incluso a De Gea, que nada pudo hacer para evitar el primer tanto sevillista.

Después, el Sevilla siguió dominando pero poco a poco se fue diluyendo cual azucarillo en líquido y con el avance de los minutos el Atlético se fue viniendo arriba y consiguió tener dos o tres ocasiones claras para subir el empate en el marcador. La primera, pasado el minuto 10, cuando Ujfalusi, un auténtico puñal por banda derecha superando continuamente a Luna y desdoblando a Reyes, puso un pase atrás para la entrada de Agüero, a la altura del punto de penalti, pero su disparo, con Palop batido, lo sacó casi de dentro Jesús Navas. Entre esta ocasión clara atlética y la que cerró la primera mitad hubo tiempo para que Perea formara algún que otro lío dentro del área colchonera que no supieron aprovechar los jugadores sevillistas. En el minuto 42, otra vez el zaguero checo del Atleti, dejó nuevamente atrás para la entrada esta vez de Forlán, desaparecido hasta entonces, que tiró con el alma para subir el empate al marcador, pero volvió a aparecer el gran Palop, que metió una muy buena mano para enviar a córner. En un segundo saque de esquina consecutivo, el meta valenciano cantó por alto y Agüero, de cabeza envió fuera. Menció aparte debe suponer la participación de Negredo, desaparecido toda la primera mitad, prácticamente sin encontrar su sitio y continuamente estuvo recibiendo instrucciones de Tevenet desde el banquillo sevillista.

En la segunda mitad hubo tiempo para todo. Para ocasiones, la tuvo Negredo, que no supo aprovechar un excepcional taconazo de Kanouté tras bajar el balón con el pecho, y que tiró al muñeco, ante la salida de De Gea, cuando estaba absolutamente sólo ante el meta colchonero. También la volvió a tener el Atlético de Madrid, que apuró sus acciones con más corazón que cabeza, entre las botas de Agüero y Reyes, que no supieron acertar con la meta de Palop, y también la tuvo Forlán, que enganchó un buen derechazo, que llegó a tocar en algún jugador sevillista, y Palop, cerca del larguero envió a córner. Y también hubo tiempo para la tángana y la desagradable refriega infantil que los profesionales protagonizaron sobre el terreno de juego, tras una dura entrada muy cerca del banquillo sevillista sobre Zokora, saltaron los suplentes nervionenses y los colchoneros, entre los que se encontró Quique Sánchez Flores, reclamándose cosas entre unos y otros y al final Mejuto solventó expulsando al delegado del Sevilla, Cristóbal Soria, cuando las imágenes tampoco dejaron demasiado claro qué hizo para que lo expulsaran.

Pero lo mejor estaba por venir. Cuando se llegaba al minuto 90, el estallido de júbilo llegó a la parte de los sevillistas en el Cam Nou. Balón que robó Romaric y el balón lo puso largo, pero Navas, listo como él solo, se marchó desde el centro del campo robándole la pelota a un jugador del Atlético, se plantó sólo ante De Gea, lo dribló y subió el segundo tanto en el marcador.

De ahí al final, nervios porque el Sevilla terminó ‘tieso’ físicamente sobre el terreno de juego, y al igual que en la primera mitad, fueron los rojiblancos los que acabaron pisando con más peligro el área contraria, y júbilo en la parte del graderío que perteneció a la afición sevillista, que comenzó a celebrar el título de la Copa del Rey. Un nuevo título que volverá a pasearse por las calles de Sevilla y que todos los aficionados comenzaron a disfrutar al poco de terminar el encuentro.