El caladero sevillista se traslada al Calcio

Por  3:30 h.

Con la llegada de Luca Cigarini, y la anterior de Tiberio Guarente, el Sevilla vuelve a mirar al mercado italiano, del que pescó con mucho acierto dos décadas atrás, fichando a futbolistas de la talla de la talla del austríaco Anton Polster o del argentino Diego Pablo Simeone, pero donde también pinchó en hueso con contrataciones millonarias como la del uruguayo Marcelo Otero o el fugaz paso de Diego Armando Maradona.

Si temporadas atrás, y con esta misma dirección deportiva que comanda Monchi, el caladero sevillista a la hora de fichar miraba principalmente al mercado sudamericano, en las últimas campañas se mira más al europeo y ahora se ha pasado del francés, en el que se ha vuelto a incidir este verano con la llegada del lateral senegalés Dabo, al italiano, del que provienen las dos últimas adquisiciones sevillistas. Así mientras no hace tanto la plantilla sevillista se fue poblando primero de uruguayos —tendencia ya iniciada con anterioridad a la llegada de José María del Nido a la presidencia—, a los Tabaré, Olivera, Podestá, Zalayeta y Otero (estos dos últimos llegaron del Calcio, uno cedido por la Juventus y el otro fichado por mil millones de pesetas del Vicenza) lo fueron sustituyendo sus compatriotas Darío Silva, Hornos, Magallanes y, más recientemente, Chevantón. Esa tendencia fue variando con la llegada de brasileños (la apuesta más acertada en su globalidad) y al jovencísimo Daniel Alves se fueron uniendo con posterioridad, Baptista, Renato, Adriano y Luis Fabiano (el único con experiencia europea, aunque hasta su llegada al Sevilla, negativa). La veta sudamericana se prolongó después con la llegada de argentinos. Así, tras la apuesta de nulo riesgo por un imberbe Fazio siguieron las de Perotti y Armenteros con destino inicial para el filial, la de un ya veterano Duscher y la, esta sí millonaria, de Lautaro Acosta.

Esta última tendencia por firmar argentinos, principalmente jóvenes y sin experiencia en el fútbol europeo, convivió con el hecho de que se comenzara a pescar en el fútbol francés. De él llegó Keita, rentabilísimo fichaje por rendimiento y plusvalía en un solo año. Ello animó a la llegada de Squillaci y Romaric, y lo visionado en la liga gala también ha servido para apostar por Dabo. El mencionado Chevantón también llegó del Mónaco, aunque sus mejores referencias databan de su paso por Lecce italiano. Del seguimiento a la Bundesliga fueron fruto los fichajes de Hinkel y Poulsen, y del de la Premier los de Kanouté y, más recientemente el de Zokora. Mientras que jugar la UEFA ante el Zenit ruso acabó por desencadenar el fichaje de Kerzhakov. Igualmente circunstanciales fueron los fichajes del serbio Dragutinovic procedente del Standard de Lieja belga o el del francés Escudé, que militaba en el Ajax holandés. De este último equipo llegaría De Mul, y de su principal rival, el PSV, Koné.

De Maresca a Cigarini
Desde que en 1999 el Sevilla, de la mano de Paco Casal, se trajo para el equipo de Marcos Alonso a Zalayeta y Otero, el conjunto de Nervión no volvió a poner sus miras en el fútbol italiano para fichar hasta seis años después. El elegido fue Enzo Maresca, que se convertía así en el primer italiano en enfundarse la camiseta del Sevilla. Fichaje altamente provechoso, pues su contratación procedente de la Juventus, tenía entonces 25 años, no fue gravosa y su rendimiento en los cuatro años de militancia sevillista (141 partidos, 22 goles y cinco títulos ganados) más que estimable. No puede decirse lo mismo en el caso del meta De Sanctis, que aunque llegó «libre» sigue coleando en la justicia deportiva y su rendimiento topó con el incombustible Palop. De Italia también llegó el fichaje del francés Konko y fruto del seguimiento del campeonato transalpino las dos últimas adquisiciones sevillistas, Guarente y Cigarini.

En cualquier caso, movido por la prudencia que aconseja la manida pero evidente crisis mundial, el club de Nervión ha preferido en el caso de Cigari apostar finalmente por la fórmula de la cesión, que sólo llevaría aparejada un desembolso de siete millones de euros si el jugador cumple las expectativas en la temporada que se avecina. El jugador salido de la cantera del Parma tendrá ahora la posibilidad de reconducir y relanzar su prometedora carrera frenada la pasada campaña en Nápoles cuando se produjo la llegada de su actual técnico, Walter Mazzarri, que apenas contó con sus servicios.

«Más o menos Pirlo»
El que si tiene una fe ciega en que Cigarini podrá triunfar en su nuevo destino es su compatriota Guarente. «Lo bonito del fútbol es poder crecer en grandes equipos y reencontrarte con buenos compañeros. Luca es más o menos como Pirlo, y conmigo hace dos años era un gran complemento, así que espero que este año también lo sea». Con esa intención lo ha firmado el Sevilla, pues su plantilla y el fútbol que pretende hacer el próximo curso exigían un jugador de sus características.