«Cuando escuché lo de «písalo, písalo» no pude evitar reírme»

Por  4:00 h.

Sevilla FC: Carlos Bilardo el domingo en palco del Sánchez PizjuánCarlos Salvador Bilardo, ex entrenador del Sevilla, es distinto, chispeante, especial, capaz de saltar de un tema a otro como si no sucediera nada. Estuvo en Sevilla unas horas y departió con ABC de Sevilla.

—Cuando empecé a escuchar lo de «pisalo, pisalo» no pude evitar reírme. ¡Cómo era posible! ¿Cuántos años ha pasado de ello?

—Diecisiete.
—Y fue también en un partido contra el Deportivo, ¿verdad?

—Eso es.
—Claro, así le hizo Del Nido le hizo una broma a Lendoiro en el palco.

—¿Qué le dijo?
—No, nada, creo que era de eso de «pisalo, pisalo…». Pero vamos, que la primera vez que lo escuché no fue ayer (por el domingo). Fue un día, por casualidad, al ver por la televisión un partido de la selección española. Yo estaba en mi casa de Buenos Aires. Jugaban en Sevilla y de repente oí algo raro. Le dije a mi mujer que subiera el volumen y seguía sin entenderlo. Al final me enteré. Menos mal. Por cierto, cómo ha cambiado Sevilla…

—¿En qué sentido?
—En todo. Agarré un coche en Málaga (lleva hospedado varios días en Marbella) y no tuve problema para llegar, pero dentro de la ciudad me perdí varias veces. Yo vivía en Sevilla Este y llegaba en apenas unos minutos al estadio. Ayer me costó una barbaridad. ¡No me puedo creer todos los edificios que hay! Lo bueno fue al llegar al hotel Lebreros. Fue el primer lugar en el que me hospedé hace ya tantos años… Vi a dos chicos, ahora mayores, que trabajaban en recepción y estuve hablando con ellos.

—¿Saludó a alguien más?
—Me han dicho que una chica que trabajaba conmigo en el programa de radio que yo tenía (colaboró en Radio Sevilla) ha publicado varios libros de sexo. ¿Sabe usted algo de eso? ¡Uff! Que buena etapa. Todos los días iba a la radio, a la hora de almorzar, con la idea de hablar de fútbol, pero un día empezamos a hablar de sexo. Yo estudié Medicina, con la especialidad en Ginecología, y entendí que podía ser un tema interesante. No sé quién trajo a esa chica… (Olga Bertomeu), pero funcionó muy bien. Le empezó a gustar a la gente y repetimos varias veces.

—¿Qué le decían los jugadores?
—Me mataban…

—¿Y usted qué hacía?
—Nada, nada, no había problemas.

—Y si los hubiera habido, Bilardo se encargaba de quitártelos de la cabeza, ¿verdad?
—No, bueno, a mí lo que pasa es que me gusta ser positivo. En Argentina lo sigo haciendo mucho. Si alguna persona, con salud, fuerte, joven, viene y me dice: «Bilardo, es que estoy triste porque no me ha salido tal negocio» pues le digo que me busque una mañana, una tarde para hablar más tiempo conmigo.

—¿Para?
—Lo llevo directamente a un hospital de niños, le hago mirar lo que hay allí. ¡Eso sí es un problema! Y si no se queda conforme lo llevo a un cementerio que está a sólo 30 cuadras de mi casa. Es duro, pero te despierta.

—¿Es Bilardo feliz?
—Que sé yo… Por momentos, ¿no? Mi problema es que no acepto la derrota. El fútbol me pone malo. Si pierdo, estoy cinco días sin dormir bien. Si hasta en el partido de ayer me puse malo. Venga un palo, luego otro, venga uno más… Me marché 10 minutos antes a ver si la suerte cambiaba. Se lo dije a Monchi: «A ver si ahora marca el Sevilla».

—Supongo que es supersticioso.
—Algo creo que sí.

—¿Qué hace?
—No, cosas normales.

—¿No quiere decirlas?
—Hago algunas cosas a la misma hora; si gano, también repito con la misma ropa, me siento en el mismo lugar…

—¿Y si le quitan el asiento?
—Nunca. En el autobús, por ejemplo, siempre me verá detrás del chófer.

—Que seguro que así no se pierde…
—Es cierto que me perdí para llegar al estadio, pero he ido dos veces a la Macarena y he llegado sin problemas. Mi señora quería ir, así que ración doble, sin problemas. La Macarena es muy importante para nosotros. Tenemos una imagen grande de Ella en mi casa. El marco es muy bonito, está en nuestra habitación, con nosotros.