Álvarez: «En ningún momento me he sentido cuestionado»

Por  4:35 h.

El técnico de Marchena, tras vivir en menos de 100 días los éxitos (Copa y cuarto en la Liga) y los sinsabores (eliminación de la Champions y decepción en el Camp Nou, en la Supercopa), se sincera en ABC de Sevilla.

Antonio Álvarez, en el choque frente al Levante

"Nunca me sentí cuestionado. Pensé en ello después de ganar al Levante, cuando me dijeron si era consciente de que me la había jugado dejando en el banquillo a Luis Fabiano y Kanouté. Podría haber sido determinante"

"A veces el fútbol es ingrato, pero es mi vida, lo que quiero. Después de 40 años ligado a este deporte no hay nada que me pueda sorprender"

—¿Sabe cuánto tiempo pasó entre el día que ganó la Copa del Rey y el de la eliminación ante el Braga?
—No exactamente, pero poco.

—Noventa y siete días.
—Sí, eso es, poco tiempo, y cuatro días de la primera victoria en la Liga al del palo de la Champions.

—No hay memoria…
—La memoria está en las vitrinas. ¿Qué es el fútbol? Yo que sé… Tiene esa grandeza. Después de 40 años ligado a este deporte no hay nada que me pueda sorprender. A veces es ingrato, pero es mi vida, lo que quiero.

—¿Se llegó a sentir con las horas contadas tras la decepción en la previa de la Champions?
—No, de verdad que no. Hablé con el presidente, Del Nido, y con Monchi, y no me trasmitieron nada en ese sentido. Nunca me sentí cuestionado. Quizás, cuando pensé en ello fue cuando me preguntaron en la rueda de prensa después del partido ante el Levante. Me dijeron si yo era consciente de que me la había jugado, que dejar a Luis Fabiano y Kanouté podía haber sido determinante. Ahí es donde pensé en ello. Sólo ahí.

—Pensó también en repetir con los tres mediocentros ante el Deportivo.
—¿Sabe una cosa? No le voy a negar que desde que acabó el partido ante el Levante le estoy dando vuelta a este asunto. No lo tengo aún decidido.

—Pero…
—Pero me va a preguntar por mis palabras sobre los dos puntas, ¿no?

—Eso es.
—No quiero hacerme esclavo de mis palabras. Al llegar a mi casa el día que caímos eliminados ante el Sporting de Braga estuve pensando en lo ocurrido. Necesitábamos un equipo que se sintiera más seguro, con menos fragilidad defensiva. Y al día siguiente comenzamos a trabajar en este nuevo sistema.

—Menos mal que tiene mucha mano izquierda, pues no parece sencillo sentar a dos de un grupo compuesto por Fabiano, Kanouté y Negredo.
—Eso me da igual. El grupo, siempre, es el que debe salir beneficiado. Y bueno, con lo de la mano izquierda, pues yo no soy de esos entrenadores que cree que lo mejor es echarle valentía a los jugadores, que hay que meterles una bronca. Cuando hay que apretarles, se aprieta. Eso es lo que yo entiendo por autoridad y así la manifiesto.

—¿Qué hará con Romaric?
—Es futbolista nuestro y jugará cuando, lógicamente, esté en las mejores condiciones. El peso no debe ser el problema porque hasta hace una semana, que fue cuando se marchó con la selección, estaba bien.

—¿Se entrena bien?
—Perfecto. Incluso, cuando le digo que tiene que venir también por la tarde a hacer otro tipo de ejercicios no pone ningún problema y lo hace encantado.

—Nunca hablará mal Antonio Álvarez de un futbolista que tiene en la plantilla, ¿verdad?
—No creo que caiga en ese error. Siempre trataré de defender a mis jugadores y el problema que tengamos se analizará de puertas para dentro.

—Pues mejor no le pregunto ya más por Romaric. Hábleme de Cala, que se ha marchado al Cartagena.
—Le dije que iba a tener mucha competencia, que no le aseguraba que iba a jugar tres partidos o treinta. Y él entendió que lo mejor era marcharse para jugar el mayor número de minutos posibles.

—El que sí va a jugar más de 30 partidos será Navas, ¿cree que terminará el extremo internacional ampliando su contrato?
—Estoy convencido.

—Lo noto más seguro que con Luis Fabiano, que finalmente renovó.
—Jesús aquí es muy querido, está identificado con la ciudad, y por lo que sé, el club y su agente están en busca de una mejora de contrato, además de ampliarlo. Así que soy optimista en ese tema.

—Renovado recientemente el brasileño Luis Fabiano, y con Jesús Navas, en negociaciones, ¿tiene mejor plantilla el Sevilla que el Atlético, el Valencia o el Villarreal?
—Yo creo que son equiparables. El Atlético tiene ahora una gran confianza; el Valencia, aunque ha vendido a Villa y Silva, entiendo que ha sabido reforzar al grupo, y el Villarreal también cuenta con una buena plantilla.

—Al Barcelona y al Madrid ni los contamos. ¿no?
—¡Uff! Todos somos conscientes de los presupuestos que tienen. Pero vamos a dar guerra, eso seguro…

—Y de la guerra a la paz. Hábleme de un amigo.
—Hay muchos. Francisco, Yiyi, Montero, Gordillo… Precisamente hablé ayer con el Gordo. Lo llamé para desearle lo que él deseara.

—¿Cómo?
—No sabía que decirle. Con la que tiene liada con eso de la administración de las acciones… No debe ser nada fácil. Y le dije: «Me alegro de lo que tú te alegres». Es muy buena gente, impresionante.

—Parece que los colores de los jugadores ya no son importantes en el fútbol actual.
—Ya hay muy poco arraigo. En nuestra época, de los 25 que conformábamos la plantilla, 18 éramos de la cantera. Eso ha cambiado. No digo que sea mejor ni peor, pero la ilusión que puede tener un chaval formado aquí por llegar al primer equipo no la puede tener nadie.

—¿Se puede hacer algo en ese sentido?
—Hay que saber trabajar con ello. Hay cosas que se pueden hacer para que el ambiente sea bueno, para que seamos un grupo.

—Por ejemplo
—Bueno, esta temporada le comenté al presidente que sería interesante que pudiéramos desayunar todos juntos. Y así lo hacemos. Todos los futbolistas tienen que llegar antes de las ocho y media a la ciudad deportiva. Y allí comemos, con un desayuno prescrito por Antonio Escribano.


—Un par de curiosidades, ¿qué desayunan y quién es el que más come?

Queso fresco, jamón york, mermelada, café, leche, zumo, algo de tostadas.

—¿Y quién es el que gana?
—¿De verdad?

—Sí.
—Yo, aunque tengo la suerte de no engordar…

—Que salga usted ganando siempre.
—El equipo, el equipo…