Más luces que sombras, con una Copa del Rey bajo el brazo

Por  5:00 h.

En estos días en los que todos estamos disfrutando de nuestras familias con el nacimiento del Niño Dios y teniendo en cuenta que el año 2010 está a punto de finalizar, está bien echar la vista atrás y analizar lo ocurrido durante estos poco menos de 365 días.

Está claro que el año ha sido complicado, sobre todo en lo deportivo. Tres entrenadores han sido los inquilinos del banquillo y eso lo ha notado demasiado un equipo que que estaba acostumbrado a ganar y que terminó el año más acostumbrado a perder. Por lo que lo más destacable de la temporada es el título de Copa del Rey conseguido ante el Atlético de Madrid. Aunque habría que remontarse a las semifinales.

Precisamente, la ronda que hubo que jugar ante el Getafe vino marcada por la situación de Manolo Jiménez en el banquillo, el cual, si no llega a clasificar al equipo para la final, hubiese sido destituido inmediatamente, aunque cayó semanas después. El Sevilla venció en la ida a los azulones por 2-0 en Nervión, con tantos de Luis Fabiano y Jesús Navas. Pero la vuelta fue un auténtico infierno en el Coliseum, pues Andrés Palop volvió a convertirse en Santo. El meta valenciano salvó a su equipo de una goleada escandalosa básicamente por el planteamiento reservón del técnico de Arahal. Con muchísimo sufrimiento el conjunto nervionense logró clasificarse para la final del torneo del K.O.

La noche del 19 de mayo llegó por fin la gloria. Estadio Camp Nou de Barcelona. Sevilla y Atlético de Madrid jugaron el que para muchos es el partido más bonito del año. Rivalidad, pasión, competitividad y, sobre todo, fútbol. El Sevilla se adelantó pronto en el marcador con un tanto de Diego Capel y a partir de ahí todo vino rodado. Tuvo todo el partido controlado, salvo algunos arreones del conjunto colchonero en la segunda mitad, que acogotaron en su campo a los de Antonio Álvarez. Al final, en una contra, un balón largo hacia la carrera de Jesús Navas, supuso el segundo tanto sevillista, que hacía que definitivamente la Copa se viniese para la capital hispalense.

Era el segundo título copero logrado en tres años, precisamente, el primer trofeo conseguido desde el fallecimiento de Antonio Puerta, al que todos sus compañeros, en el terreno de juego sobre todo, y los aficionados dedicaron este trabajado triunfo, porque, por supuesto, estaba en la mente de todos el Sevillismo.