De parón a parón liguero, cambio de técnico e ilusiones renovadas

Por  3:00 h.

Sevilla FC: Manzano se dirije a sus jugadores en un entrenamientoNada que ver el ambiente que rodea al Sevilla en este parón liguero que el que se vivía a primeros de septiembre pese al efecto balsámico que supuso el 1-4 en el feudo del Levante con el que arrancó el equipo de Antonio Álvarez el Campeonato de Liga. Ese resultado ante el modesto conjunto valenciano recién ascendido permitió que la estocada que le supuso al club de Nervión quedar apeado de la Liga de Campeones no se llevara por delante al técnico de Marchena al quinto partido oficial del presente curso. Pero ese triunfo no ocultaba las carencias que mostraba un equipo por definir en su manera de jugar y una plantilla que no daba la sensación de haberse reforzado convenientemente durante un verano marcado por la cita mundialista y por la mesura generalizada a la hora de fichar, como puede leerse en ABC de Sevilla.

Entre aquel receso en la competición doméstica y el que nos ocupa, el Sevilla disputó siete partidos oficiales (cinco de Liga y dos de la antigua UEFA) y la errática marcha con Álvarez al frente (sólo le ganó al Málaga en La Rosaleda, perdió en Nervión ante el PSG y en Alicante ante el Hércules, amén de ceder dos empates a favor de querencia frente a Dépor y Racing) propició su cese ya pregonado de antemano. La destitución del técnico con el que se alzó la Copa del Rey el pasado mes de mayo llevó aparejada también la de su ayudante Luis Tevenet y la del eficiente preparador físico Ramón Orellana, vinculado al club durante dos décadas y la última de ellas al primer equipo.

Pero ha bastado apenas una semana para que el pesimismo reinante desde que el Sporting de Braga salió victorioso del Sánchez-Pizjuán con un sonrojante 3-4 haya dejado lugar a un optimismo que dimana de lo que se ha dado en llamar «efecto Manzano». En su presentación dijo que él «no era el Mago de Oz», pero su varita mágica ha dejado ya en el zurrón sevillista una milagrosa victoria en el majestuoso estadio del Borussia de Dortmund, que evita quedar sin margen de error en la fase de grupos de la Liga Europa, y un triunfo convincente ante el Atlético de Madrid, rival directísimo en las tres competiciones. Han bastado dos resultados positivos en cuatro días para que se pase de ver la botella medio vacía a medio llena. Las sensaciones, siempre pendulares en el mundo del fútbol, han virado del pesimismo exagerado del mes de septiembre a casi la euforia desmedida de ahora. Al experimentado técnico jiennense le toca ahora saber capitalizar ese viento a favor que se ha encontrado. Al crédito que se le otorga a todo entrenador nuevo se une en este caso el que se ha ganado al haber cambiado la dinámica negativa, en juego y resultados, del equipo. Con él en el banquillo se ha conseguido que Romaric salga aplaudido del Sánchez-Pizjuán, que Renato juegue y convenza en el puesto para el que fue fichado y que Kanouté se quite de un plumazo la etiqueta de futbolista acabado a la que se estaba haciendo acreedor en este arranque de curso.

Aspiraciones renovadas
En manos de Manzano está en definitiva demostrar que esta plantilla sigue estando capacitada para pelear por los puestos de privilegio en la Liga y para llegar muy lejos en las otras dos competiciones, en las que por cierto ha logrado levantar cuatro títulos —dos de UEFA y otros tantos de Copa— y le han posibilitado disputar cuatro finales y alzarse con dos supercopas (una de España y otra de Europa) en los últimos cuatro años.