“Esperamos que haya pronto una solución; a nadie le gusta esto”

Por  10:18 h.

Sevilla FC: Duscher señala a un compañero durante un entrenamientoEs otra de las caras del fútbol, poliédrico universo que atiende a sus propias leyes y en el que no hay para todo el mundo esplendor en la hierba, y más cuando aprieta la crisis, azotando de verdad, con crudeza, y haciendo imposible el mantenimiento de salarios que en otro tiempo, no tan lejano, de bonanza económica, de un fútbol boyante y estratosféricas cifras, eran el pan nuestro de cada día. La anormalidad habitual, la paradoja del césped. Eran trazos propios de un mundo paralelo que ahora no se resiste, en cambio, a la recesión generalizada, a un cortocircuito mayúsculo que también atenta al fútbol. Está siendo un verano atípico, lejos de los cánones habituales, de la renovación de estampas y el carrusel de presentaciones. Los clubes, en lugar de aflojar la billetera y apostar por la renovación de sus plantillas mediante los fichajes, se han propuesto recaudar. Y hay muchos casos de jugadores válidos, con talento, años de buen servicio y veteranía, que se han quedado sin sitio. Y Nervión tampoco se escapa de esa tendencia, tal y como puede leerse en las páginas de deportes de ABC de Sevilla.

Ni Chevantón ni Duscher, futbolistas de pedigrí, con cartel, tienen ya hueco en el engranaje del Sevilla de Antonio Álvarez, situación que se ha recrudecido esta semana con la decisión tomada por el técnico marchenero, obligado también por las circunstancias. No entraban en sus cálculos y esto se sabía desde antes de que se iniciara la pretemporada. Eran parte de los descartes «oficiales» a los que Monchi había comunicado la intención del club de deshacerse de sus servicios. Finalizada la concentración de Costa Ballena, donde todos los hombres de Álvarez fueron iguales, sin distinciones salvo en los amistosos, y eso que el grupo alcanzó la treintena de profesionales, tuvo que tomar una drástica determinación. Y seguro que al míster, que sabe lo que siente el jugador, porque él también estuvo al otro lado de la barrera, no le ha hecho ninguna gracia.

Envió a Chevantón, Duscher y De Mul a que se entrenaran con el segundo equipo, a las órdenes de Ramón Tejada, nuevo y desagradable escenario que los dos que quedan tras la salida del belga con destino al Standard de Lieja afrontan con entereza y profesionalidad, aunque también con cierto desánimo. Tampoco pueden ser hipócritas. Es lógico. Quieren jugar, sentirse útiles. «No me gusta, pero es lo que hay», admite Chevantón con resignación, que terminó la pasada temporada cedido en el Atalanta, en declaraciones para ABC de Sevilla. «Me lo comunicó primero el entrenador y luego Monchi… Sé que no he triunfado en el Sevilla, pero no se puede dudar de mi profesionalidad», defiende el uruguayo, al que la estadística no le deja en mal lugar. Al revés. Ha marcado goles siempre que ha jugado y su comunión con parte de la grada ha sido hasta impropia, por lo cercana, con un jugador al que tampoco es que le hayan respetado las lesiones. «He tenido mala suerte con ellas y la verdad es que no me gusta nada esta situación», reconoce el delantero, que está en comunicación permanente con su representante para que le encuentre «una solución». El matrimonio con el Sevilla no ha cuajado y seguramente, por la vía de la desvinculación contractual, tendrá al fin que disolverse.

Curtido en mil batallas
De muy parecido corte es el caso de Duscher, que al cabo de una temporada pasó con Jiménez de imprescindible el centro del campo a último elemento posible del que echar mano para la sala de máquinas. La llegada de Zokora y el cambio de planteamiento del técnico de Arahal (fue habitual hace dos campañas el doble pivote con Renato ejerciendo de enganche) dejó sin sitio al argentino, al que el Sevilla reclutó hace ya tres veranos procedente del Racing de Santander. Duscher es un veterano curtido en mil batallas. «He visto a otros compañeros que han estado en otra situación, pero para mí es la primera vez», comenta a este periódico, y da cuenta de su opinión: «Entiendo que podíamos, tanto Cheva como yo, entrenarnos con el grupo, puesto que sólo somos dos; no creo que molestásemos tanto. En Costa Ballena no entrábamos en el trabajo táctico y no había problemas», razona el mediocentro argentino, al que le parece que esta situación «puede entorpecer» sus salidas de la entidad de Nervión: «Los clubes puede preguntarse qué ha pasado, si ha habido un acto de indisciplina o es que estamos mal físicamente, así que me gustaría que haya una buena solución para todas las partes porque a nadie le gusta estar así». Es cuestión de tiempo, seguro. Trabajo a los dos nunca les faltó.