Suspenso claro en el parcial de agosto

Por  4:00 h.

Sean los síntomas de un fin de ciclo, como auguran los más catastrofistas, o una simple crisis de resultados pasajera, como pretenden hacer ver los más optimistas o a los que les va el sueldo en ello, lo que no deja lugar a dudas es que al parcial de agosto —a falta del primer examen liguero en Valencia ante el Levante— no hay quien le quite la nota de suspenso claro. Las sensaciones dejadas por la tropa que sigue comandando Antonio Álvarez son preocupantes, porque no se ven las señas de identidad pregonadas y el equipo ha mostrado una fragilidad que no invita precisamente al optimismo, por lo que de la euforia que generó la cuarta plaza liguera alcanzada in extremis y el posterior título de Copa no quedan ya ni los rescoldos, según puede leerse en las páginas de deportes de ABC de Sevilla.

Sin título y sin Champions. Lo reconocía Del Nido al término del partido del martes, que se había fracasado en los dos objetivos que tenía el club en el mes de agosto. Cierto es que entraba en las gran mayoría de las quinielas la posibilidad de ser superado por el F. C. Barcelona en la Supercopa de España, pero se hizo de la forma más lastimosa después de lograr la renta de 3-1 en el Sánchez-Pizjuán. La excusa de reservar efectivos para la vuelta ante el Braga no consoló a nadie por la forma entreguista en que se jugó en el Camp Nou, y máxime después viendo que esa medida no sirvió de nada a la postre dado el repaso que le acabó dando al equipo de Álvarez el subcampeón de Liga portugués.

Técnico en entredicho. Estaba claro que la exigente afición sevillista, que siempre miró con lupa a Manolo Jiménez, también acabaría haciendo lo propio con Antonio Álvarez, por mucho que el talante de éste sea muy diferente al del criticado técnico de Arahal. El crédito del que acabó alzando la Copa del Rey no iba a ser ilimitado y su propio discurso ya empieza a ponerlo en evidencia. Su pregonada vocación ofensiva quedó en entredicho con la alineación que propuso de entrada ante un Barça cargado de reservas en Nervión. Después está el hecho de no marcar, y apenas crear ocasiones, en los dos partidos disputados como visitante. Mal presagio para jugar ante el Levante. Un tropiezo más podría hacer insostenible su situación al frente de la plantilla.

Defensa en construcción. Tras las probaturas en los bolos de verano había interés por ver cómo respondía este nuevo Sevilla de Álvarez, al que ya, con un mes de trabajo continuado en la pretemporada, debía mostrar sus señas de identidad propias, tras lo esbozado en el final de la pasada campaña. Lo que más dudas ha ofrecido es la composición de una zaga de la que se ha excluido, con su forzado traspaso al Arsenal, uno de sus valores más fiables, Squillaci. En la posición habitual del mundialista francés el que más ha sido utilizado (tres de los cuatro partidos) ha sido Fazio. El argentino focalizó el martes buena parte de las críticas de la afición, lo que es preocupante en un jugador todavía por explotar y en el que se tenían tantas esperanzas en el club. La apuesta en Barcelona por Konko como central fue un fracaso y ahora es de esperar que Alexis, tras su irregular paso por el Valencia, merme esas carencias, dado que con Cala no se ha vuelto a contar. El que sí ha ofrecido buenas prestaciones es el recién fichado Dabo, quien debido a lo titubeante que ha comenzado la temporada Fernando Navarro, ha sido utilizado en los dos partidos en casa como lateral zurdo. Posición en la que no se ha estrenado en este curso Luna. Todo ello ha ocurrido después de que Javi Navarro se haya incorporado al cuerpo técnico, en teoría para trasladar sus conocimientos y carácter a la zaga sevillista.

En busca de un organizador. Luca Cigarini ha sido fichado para cubrir esa carencia, pero sólo ha jugado «ratitos»y la primera hora ante el Braga el martes. Es pronto para evaluarlo, aunque la sensación es que tendrá que jugar mucho más arropado para que su fútbol ofensivo brille sin que se resienta el equipo en la parcela defensiva. A ello podría contribuir la entrada de Guarente, inédito hasta la fecha y con el que ya jugó, y ambos a muy buen nivel, en el Atalanta, dos temporadas atrás. El que ha vuelto a quedar retratado, y no ha salido muy bien por cierto, ha sido Romaric, con sus dos actuaciones ante el Barça.

Navas, Kanouté, Luis Fabiano y Perotti. Hay quien sostiene que jugar con los cuatro juntos es poco menos que un suicidio, que el equipo difícilmente estará equilibrado con estos «cuatro delanteros». Esta teoría queda en entredicho si a la producción ofensiva de los extremos le acompaña el poderío rematador de la acreditada pareja de goleadores. Lo cierto es que tres de ellos marcaron anteayer y el equipo acabó perdiendo 3-4. Ahora habrá que rezar también para que Luis Fabiano ni se vaya, ni se deprima; mientras tanto, se sigue esperando que Negredo ofrezca de una vez su mejor versión, esa que esbozó en el primer tercio de la pasada campaña.