El mosaico de todos

Por  8:37 h.

Santiago del Campo —así, con la S de Sevilla, a la que llegó con 11 meses de vida, y la C de su Córdoba natal como sutiles huellas vitales—, un grandísimo artista andaluz, se adelantó en muchos años y sin saberlo al departamento de mercadotecnia del Sevilla F. C. en unos tiempos en los que la entidad —ayuna de estructuras modernas— ni se planteaba establecer una sección profesional para vender su propia marca comercial. El eslogan «Somos de todos», que en su rotunda economía discursiva tan amplia difusión ha encontrado en los últimos años, con origen cierto en la célebre frase —«Todos los hombres de cualquier nivel social, ideas religiosas o políticas tendrán aquí cabida»— pronunciada por el primer presidente, el jerezano José Luis Gallegos Arnosa, en un discurso en las horas de la fundación oficial del club allá por octubre de 1905, tuvo un formidable precedente, un cromático adelanto, un artístico anticipo en el bellísimo mosaico —miles de teselas irregulares, signo de la rica diversidad que se aglutina en torno al Sevilla— de 480 metros cuadrados de fina y delicada artesanía que en la fachada de preferencia del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán desde el 23 de abril de 1982 —30 años ya— es exponente colosal de los valores de la amistad y la convivencia —60 banderines de clubes de todo el mundo lucen junto al monumental escudo sevillista, con letras SFC en negro y no en rojo— como símbolos del entendimiento y complementos de los ideales trazados por el tercer presidente, el catalán nacido accidentalmente en Uruguay José M.ª Miró Trepats, en la inauguración del campo del Mercantil: «Nuestra norma es la disciplina; nuestro ideal, la victoria; nuestra aspiración, la fortaleza, y la admiración de los demás, nuestro premio».

Gracias al presidente Eugenio Montes Cabeza y el apoyo fundamental de su sucesor, Gabriel Rojas, el cerramiento del estadio fue rematado en 1975 al cabo de demasiados años de desangrarse de moho —zahirientes «ruinas de Palmira»— los hierros de unos desangelados pilares en las gradas altas de las tribunas de gol. La celebración en España del Mundial 82 y la designación de Nervión como sede favorecieron —Fernando Píñar, como arquitecto y directivo, la vivió de cerca— una gran obra de reforma y remozamiento del campo coronada con la visera de preferencia, ya proyectada en los años 50 por Manuel Muñoz Monasterio. El toque de distinción —Montes Cabeza continuaba en la presidencia, con Manuel Rodríguez-Sañudo como vicepresidente— se le otorgó con la construcción del mosaico para la fachada de preferencia, encargado a Santiago del Campo, sevillista de toda la vida, niño del Viejo Nervión testigo de época gloriosa, artista consagrado tanto como pintor de primoroso trazo como muralista de cautivadora elegancia. En su casa-estudio de la calle Betis, precisamente, fue ideado y gestado el mosaico, que tuvo un primer boceto con nombres en torno al escudo de históricos jugadores, como Andrés Mateo, Arza, Pepillo, Ramoní…, mitos de la niñez algunos de ellos para Santiago, pero que fue desechado para evitar humanos olvidos o suspicacias, con lo que se dio forma al segundo boceto, que germinó en una espectacular obra de arte —costó 12 millones de pesetas— compendio de historia sevillista hasta 1982 y en la que trabajó un gran equipo de artistas —entre ellos, sus hijos Claudio y Salomé—y que 30 años después sigue causando idéntica admiración —la película de la FIFA del Mundial 82 lo plasmó— y es fotografiado a diario por quienes desean llevarse de Sevilla el recuerdo gráfico de su más grandioso mosaico público, cuya vistosidad no merma siquiera el centro comercial que se levantó en los terrenos que fueron propiedad del club donde antaño se alzó el Viejo Nervión, territorio para la leyenda.

Testimoniar anécdotas o curiosidades, como la «humanización» del mural, excedería el espacio disponible. Acaso consignar que a Santiago se le olvidó señalar en él el nombre de Sevilla F. C. No hizo falta. Su mosaico —fútbol hecho arte— es, permítase el oxímoron, mudo grito de sevillanía y sevillismo que proclama al mundo que aquí está el mosaico de todos.

Redacción

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