Busto, Eizaguirre, Superpaco, Buyo…

Por  21:43 h.

Donde muere el Turia, el 22 de octubre de 1973 se oyó el llanto de un sevillista histórico. Fue el año de la tragedia de Berruezo, aquel delantero que cayó desplomado en Pontevedra para dejar sin hálito a todo el sevillismo. Tristes años de Segunda División. Rodri, de La Algaba, era el portero del equipo que entrenaba el mítico Juan Arza. José Rodríguez Domínguez se llamaba aquel guardameta que, sin saberlo, estaba dando el testigo a un sevillista histórico.

Durante muchos años la gloria de Nervión bajo los palos llevó la advocación de José María Busto Llano, un armario empotrado de Portugalete que cimentó el único título de Liga que por ahora tiene el Sevilla. Pero Rodri, sin saberlo, le estaba dando el testigo a un sevillista histórico. Un hombre que por cuestión de las sinrazones que tiene este deporte tan irracional desperdició seis años en Valencia para la construcción de su leyenda. En Villarreal se había reivindicado como genio con guantes. Pero un rubio de bote con influencia mediática le peló el culo en los banquillos de España hasta que Monchi, que conocía bien la hiel que llega a las papilas cuando se chupa banquillo, lo rescató de la ignominia. La fuerza del sino. La belleza del destino. Un portero que apenas pisó la yerba por mor de un mediático ruso liberó de las cadenas del olvido a otro portero desperdiciado en Valencia. Y ya pasados los treinta, aquel que naciera cuando murió Berruezo en los años de penurias en Segunda, ha devuelto al Sevilla el oro que le fue arrebatado. Sevillista histórico que ha conseguido llegar más allá que Busto, Eizaguirre, el mítico cañaílla Superpaco o don Francisco Buyo.

Todos los niños de mi generación que querían ser porteros soñaban con parecerse a Buyo. Quienes ahora ronden los diez años de edad soñarán con parecerse a la leyenda valenciana. Todos querrán marcar un gol de cabeza en el último minuto. Todos jugarán a parar tres penaltis en la final de una Uefa de barrio. Todos querrán rotular en sus camisetas el nombre de un nigromante del fútbol, genio del birlibirloque, que ha hecho enloquecer a esta ciudad. Palop. Apellido que empieza y termina con pe de portero. Aquel que en Ucrania remató el córner. Aquel que en Glasgow paró tres penales. Aquel que ganó la segunda. Andrés Palop Cervera. Así se llama el mejor portero de la Historia del Sevilla Fútbol Club.

Redacción

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