La máquina de la Historia

Por  0:13 h.

Es un monstruo insaciable. Lo devora todo. Compite con la rabia del que sabe que puede morir mañana. Gana porque tiene que ganar. Permítase la expresión porque no hay otra. Gana por cojones. El Sevilla es un equipazo, pero sobre todo es un monstruo insaciable, una máquina de ganar. La máquina de la Historia.

Se habían dicho y escrito muchas cosas sobre el partido de anoche. Venía a Nervión la gran bestia negra, el ogro maldito. El resultado de la ida hacía vacilar incluso a los más sevillistas. Pero Juande Ramos volvió a convocar gabinete de guerra y los jugadores salieron al campo a darse un hartón, a papearse a los de Pamplona sin escrúpulos. Vuelve a cumplirse la máxima. Este equipo sólo pierde cuando la competición aún le deja que lo haga. Cuando el precipicio es el siguiente paso, siempre encuentra la fórmula para sortearlo. De Eindhoven a Glasgow. Esa es la verdadera, la única historia. Disputar títulos. Todo lo demás es palabrería. Fruslería. Baratija. Anoche, con el Pizjuán cantándole gloria bendita hasta conseguir que Renato la pusiera dentro, el Sevilla Fútbol Club volvió a escribir sobre mármol. No importan ahora los detalles puramente futbolísticos, aunque a Juande habría que hacerle un monumento junto al mosaico, porque apostó por Martí y acertó, apostó por Luis Fabiano y triunfó. Ahora lo que importa es la fiesta. Y el Bernabéu. Ir a morir a Madrid. Pasar por el Arco del Triunfo con andares marciales. Bajar victoriosos por el Paseo de la Castellana. Seguir devorando cuanto se pone por delante. Tragarse a los enemigos. Destruirlos sin piedad. Jugar al fútbol como no está jugando nadie en Europa. Con ritmo inglés y calidad española. Con seguridad italiana y potencia francesa. Ganar con la entrepierna. Y cuando pase el tiempo, que la Historia reserve un hueco para cada uno de los culpables de esta quimera. Desde Del Nido a Monchi. Desde Juande a Fazio. Desde Palop a Alfaro. Desde Alves al recogepelotas. Desde el taquillero hasta el que pinta el campo. Pase lo que pase, este Sevilla, el que anoche le bailó por bulerías al Osasuna, va a habitar en el recuerdo eterno de los sevillanos. Sí, de los sevillanos. No sólo de los sevillistas.

Redacción

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