Felicidades, Sevilla

Nosotros los béticos, no digo yo un Paragüero de Ikea: no ganamos ni un cubo de plástico de Leroy Merlin
Por  17:17 h.

Es una pena que el ABC utilice el color sólo para las fotos y los anuncios. O que usted esté temporalmente daltónico, no sé bien cuál de las dos cosas. Porque el título que acaba usted de leer está impreso en tinta roja, mientras que este texto va en tinta verde. La misma que los viejos monárquicos usaban para poner el acrónimo V.E.R.D.E.

Recuadro, pues, escrito en tinta verde para felicitar al sevillismo, ¿passsa algo? No, pasa que esto es Sevilla. La Ciudad de la Guasa. La que los sevillistas gastan para meterse con los béticos y viceversa. Gracia por arrobas en esos lunes de Catunambú y mollete en la barra del bar, con disparos por alusiones a la línea de flotación de los sentimientos. Sevilla y Betis son algo más que dos aficiones. Son dos mitades imprescindibles para comprender a la dual Sevilla: la apolínea y la dionisíaca. Esta dualidad me la descubrió, como no podía ser menos, un sevillista. El cultísimo abogado y grandísimo aficionado al cine don Juan Carlos Aguilar, luego diputado a Cortes por el Partido Andalucista. Juan Carlos Aguilar me hizo ver que hay una Sevilla de Apolo y otra de Dionisos. Y como una mágica aguja de navegar Sevilla, me entregó las cartas marinas de su ser y su esencia: Joselito es la Sevilla apolínea; Belmonte, la dionisíaca. La Esperanza Macarena es la Sevilla apolínea; la de Triana, la dionisíaca. El Gran Poder es dionisíaco; el Señor de Pasión, apolíneo. Y así toda la ciudad, toda su Historia, toda su geografía. O toda su alma: el Sevilla F.C. es la Sevilla apolínea y el Real Betis, la dionisíaca. Sin uno no se entiende el otro y, sin los dos, juntos y opuestos, no se entiende a Sevilla. A las Sevillas de Sevilla. Cuando Unamuno dijo lo de «Sevillanos… Finos y fríos», ¿en quien pensaba?

—¿Pues en quién va a ser? En el Sevilla F. C.

Y es por eso que hoy vengo a verte, Sevilla: para felicitarte desde la verde orilla de las dos mitades de la ciudad. Que si Unamuno pensaba en los sevillistas cuando dijo lo de «finos y fríos», seguro Lope de Vega pensaba en el Glorioso Betis cuando escribió: «Ay, río de Sevilla, qué bien pareces, con esas trece barras, blancas y verdes».

—Oiga usted, que eso no lo escribió Lope de Vega.

Porque era palangana; que, si no, lo escribe. Como Silvio el Rockero, sevillista hasta la muerte, dejó codificada la perfecta dualidad. Arrodillado como se ponía ante el escudo que hizo Santiago del Campo en el Sánchez Pizjuán, lo endiqueló San Fernando, y lo confundió con el moro Axataf doblemente genuflexo para entregarle, rendido, las llaves de Sevilla. ¿Las llaves de Sevilla o las llaves del Sevilla F. C.? Vaya usted a saber lo que el moro le entregó a San Fernando. ¡Hasta un canuto trompetero de grifa pudo darle! Porque lo cierto es que Silvio nos reveló la pregunta del Rey Santo al llegar a Sevilla: «¿Dónde está mi Betis?». A lo que la guasa del sevillismo le contestó, al cabo de los siglos:

—¿Pues dónde va a estar, Majestad? ¡En Segunda! El Betis está en Segunda, y nosotros, en Turín, ganando copas de Europa.

Por tercera vez. Hasta el punto de que yo creo que tú dejas la Copa de Europa suelta y se viene sola a Nervión, a favor de querencia, señores sevillistas. El Paragüero. Sí, lo dije, ¿para qué lo dije? Lo dije con la guasa que nos gastamos aquí, en la tradición de Tito Pepe y su Sobrino en la Radio Sevilla de Juan Tribuna. Pero si hace falta, me como ahora aquel papel de Ikea, querido J. Félix Machuca. Porque he visto que le has dado la vuelta a la guasa y que has mandado a tus blancas legiones literarias a reivindicar el nombre, con todo honor y gloria. ¿No le llaman a la otra copa La Orejuda, porque es como mi compadre Alfonso Ussía convertido en trofeo de fútbol? ¿Pues por qué no ha de ser esta que habéis ganado con toda justicia por tercera vez el honroso y victorioso Paragüero? ¡Ya lo quisiéramos los béticos, señores sevillistas! Pero nosotros los béticos, no digo yo un Paragüero de Ikea: nosotros no ganamos ni una papelera de la tienda de los chinos o un cubo de plástico de Leroy Merlin. Así que enhorabuena grande escrita con tinta verde, señores. De verdad. De corazón. Verde.