Franco Vázquez disputa un balón con el jugador del Alavés Llorente (Foto: EFE)
Franco Vázquez disputa un balón con el jugador del Alavés Llorente (Foto: EFE)

Me late tu escudo

Desde las “clónicas” del derbi, me hice sampaolista, mudista y lo que hubiera hecho falta
Por  9:33 h.

Ea, pues ya estoy como la madre que sabe que tiene un hijo muy travieso, pero es su hijo. Y esa madre, el día que se entera de que a su niño le han pegado con la peor mano, coge al niño y le dice vamos allá, se planta en la cara del maestro, si es el maestro el que le ha pegado, o de un vecino, si es un vecino, y al que sea le dice: “Mira, yo sé que mi niño es mu travieso, que hay que estar encima de él, pero si mi hijo hace una trastá y tú lo ves o a ti te perjudica, tú me lo dices y yo le pego, pero a ver si tienes cojones de ponerle otra vez una mano encima a mi niño, que te como…”

Me late tu escudo, o como te lo dije entonces: “Me queda el pecho viudo / si me quito tu razón, / que más que mi corazón, / a mí me late tu escudo.” De modo que aquí estoy, un corazón sevillista que ha visto –bueno, ha leído- cómo a su equipo le pegaban manos que no lo quieren, manos que están deseando verle un resbalón para decir que vive en el fango. ¡Que yo no me entere! Los palos al club y alrededores, al entrenador, al equipo o a algún futbolista, con mano sevillista; o, en todo caso, una riña cuando proceda y, también cuando proceda, un caramelo. Pero esto de no ver más que ocasiones para la leña, ni pensarlo. ¿Por qué? Por lo que he dicho: que a mi niño, si hay que pegarle, le pego yo, ¿te enteras, os enteráis? Pues eso.

El sábado creí que me iba a comer una amarga siesta, y ya tenía preparada la bronca a “Vicente el del Canasto” (brindo a mi amigo Juanjo Alonso). Cuando vi cómo acababa el primer tiempo, dije ojú y afilé el lápiz. Pero si en el segundo tiempo la pájara vino con empate, vino el bando de palomas malabaristas, y si estuve a punto de meterme en el televisor para zamarrear a más de cuatro, casi lo rompo del grito cuando Vitolo, con ese trote de percherón –dicho sea con todo el respeto- se fue a la linde del vecino, centró y Ben Yedder –que suena a primo hermano de un gran sevillista, Ben Yessef- hizo un paso de baile, la taconeó y la coló en la portería entre las piernas del portero. Fue para cantarle: “Y Ben, y Ben, y Beeennn…” Yo sé que en ese momento se quedaron paralizados algunos brazos, y en el retrogusto se quedaron muchas expresiones que imagino, pero yo, con la que tenía encima desde las “clónicas” del derbi, me hice sampaolista, mudista y lo que hubiera hecho falta. Ahí está mi niño, que no me lo toquen, o voy a señalar de qué color son algunas manos que le pegan…

Y hablando de colores, cuánta alegría me da leer que Rafael Gordillo, tras el susto, está bien y pronto estará en su casa con todos los “arreglos” que necesitaba. Corazón grande, este Rafael. Abrazo fraterno.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión