Mariano le roba el balón a Messi, en el Sevilla-Barcelona
Mariano le roba el balón a Messi, en el Sevilla-Barcelona

Sueños y dueños

Ya lo dijo el torero Pepe Luis Vargas: “¡Tanto luchá, paná…!”
Por  9:28 h.

La frase que podría servir de título la pronunció, en la enfermería de la Real Maestranza, con un cornalón de caballo, el torero Pepe Luis Vargas aquel 23 de abril de 1987: “¡Tanto luchá, paná…!” Y tanto juego bonito, y tanta clase, y tanta demostración de equipo grande… Y tanto entrenar, y tanto ensayar, y tanta pizarra y tantas advertencias, insuficientes, a la vista de cómo se repiten errores que cuestan un partido. Duele el duelo. Yo, que estaba tan feliz comiéndome con papas todo cuanto había dicho de Sampaoli, tengo que invitar a más personas a la mesa, porque aquí más de uno tiene que comer parte de lo que parecía que iba a ser sólo para mí. De modo que cojan cuchara, tenedor, cuchillo o, como si fuera cuscús, con las manos. Pero a comer, vamos, a comer, que me parece a mí que Sampaoli es de dos orejas y rabo y toro al corral en la misma tarde.

Enorme Sevilla el del primer tiempo… Enorme, sí, pero… Ay, Señor, Señor… “Tanto luchá, paná.” Como en la letra flamenca: “Una viña puse yo / a la vera de un camino / y otro me la vendimió.” Nasri, no hace falta decirlo, es un futbolista de mucha calidad, pero ayer no estaba para estar, y se vio claramente en el gol de Messi: lo “persiguió” –andando- a una distancia aproximada que hubiese requerido de prismáticos de caza mayor para verle el número de la camiseta. Simplemente, lo dejó ir. No podía hacer otra cosa, no está físicamente para perseguir a nadie. ¿Por qué no el cambio? Enorme Sevilla, enorme, sí, asombroso: control, presión, autoridad en todas las líneas… Es un Sevilla de ensueño, pero cuando se despierta, comprueba que sus sueños se los han llevado otros, los dueños. El Barcelona dejó soñar al Sevilla y esperó a que estuviera con el sueño más profundo para robarle el primer sueño. Una cosa así de lo que le hacen cien veces al Mudo, ese gran pelotero que necesita tres litros de sangre en cada pelota que disputa. ¡Vamos a echarle cjns, Mudo, que tienes menos sangre que un gintonic! Sueños de isas y folías, sueños de plátanos, mojo picón, papas arrugás y pimienta de la puta la madre, que al trote aciertan con las fantasías que parecen inalcanzables -¡golazo, Víctor!- y se les van las más cercanas, ay… Vital Vitolo que a veces, ay… Y atrás, grito de Lorca, desesperado endecasílabo: “¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero…!” Donde dice “guirnalda”, pongan “defensa”; y donde “defensa”, Ramy y Carriço. ¿Nadie ha podido convencerlos todavía de que no son Frank Beckenbauer, ni Antonio Álvarez, ni Julien Escudé? Muy buenos son, digo Rami y Carriço, pero en lo suyo. ¿Por qué se empeñan en lo que se despeñan una y otra vez, lenta torpeza? Dos goles: un descuido y un regalo. Y menos mal que Rico estuvo más rico que Amancio Ortega. ¿La solución era pedir tres minutos más de añadido? El balón de anoche, en el minuto 93, tenía más marcado el 3 que el 2. Ni penalti, ni más minutos: menos fallos. Y menos sueños y más dueños. A pesar de todo, me quedo con este Sevilla –incluso con el del segundo tiempo- antes que con el mejor del año pasado. Será un espectáculo cuando este Sevilla sea dueño de sus sueños. Y no haya nadie que se los robe.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión