Los jugadores del Sevilla celebran un gol ante el Valencia (Foto: AFP)
Los jugadores del Sevilla celebran un gol ante el Valencia (Foto: AFP)

Ahí arriba

El Sevilla mantiene el pulso en la lucha con el Real Madrid y el FC Barcelona
Por  10:03 h.

Indiscutible. El que llega es porque vale, aunque le hayan ayudado. Si no vales, pueden ayudarte a subir, pero te caerás pronto. El que está arriba lo está por algo y vamos a dejarnos de buscarle los tres pies al gato. Ahí arriba, con el Madrid y el Barcelona. Y de verdad, que aunque haya habido sus golpes de suerte y sus ayuditas, también ha habido silbatos injustos y postes y largueros que jugaron con la camiseta del rival. Ahí arriba. Sampaoli convence, aunque el de Casilda tiene algo de aquel reloj del chiste, “¿Es de oro o no es de oro?” “Tiene días…” Pues, eso: tiene días. Pero confiemos en él, que para eso su ciudad, Casilda, es de la provincia de Santa Fe; y confiemos más en él como estratega local porque su ciudad pertenece al Departamento de Caseros, y al menos los partidos de casa debe de sacarlos adelante, bien, con victoria.

De Casilda nos llegó, cuando España andaba probándose la guerrera para la lucha fratricida, un tal Griffa –memoria de las primeras estampitas del álbum- que se colocó en la defensa del Atlético de Madrid entre Rivilla y Calleja y ahí estuvo más tiempo que los muñecos de los futbolines. Por lo que Sampaoli seguramente sabe cómo se abre el grifo –o el Griffo- de los triunfos totales para seguir ahí arriba. Ya veremos. Para ello, no estaría mal que les dijera -¡de una puñetera y santa vez!- a Rami y al portero que se dejen ya de echárselas al contrario, que si Rami cada vez es más de los otros cuando trata de sacar jugado el balón, Sergio es Rico en balones que llevaban el seguro encargo del gol y es Sergio Pobre cuando quiere sacar el balón como si fuera Griffa. Pero el Sevilla está el tercero, igualado a puntos con el mejor Barcelona de todos los tiempos.

Mérito, en buena medida, de Sampaoli, aunque todavía no nos haya dejado claro, ni él ni nadie del club, por qué –y para qué- vinieron Kranevitter, Mudo Vázquez, Correa, Ganso… Qué decepción me he llevado con el Mudo, ese eterno cansancio que eternamente asoma en el pie la tarjeta amarilla más que el gol. Un fútbol exangüe, el suyo. Como de vitrina es el de Ganso –y mira que tienen clase los dos-, como de mentira es el de Correa, como de fu ni fa es el de Kranevitter. O el mate los tiene adormilados o hay que darles menos mate y más tute. Y sumen lo que, entre esto y aquello, han costado todos. Ya se habla de “devolver” a Ganso -¿para eso tanto ruido? Pues a ver quién se come ahora al Ganso, en salsa o con arroz- y de repescar a Bacca. Ahí arriba, eso sí. Y gracias a Sampaoli, que para eso vino. Aunque hay quien dice que vino porque creyó que quien lo llamaba era su paisano, conductor de radio y televisión, Ramón Monchi Balestra. Vaya usted a saber.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión