Gameiro celebra el 1-0 del Sevilla FC ante el Levante
Gameiro celebra el 1-0 del Sevilla FC ante el Levante

Alegrías y penas

El equipo, sin gracia ni sustancia, se ha colocado el quinto en la tabla
Por  9:40 h.

A veces, el equipo se mueve por la yerba con algo que parece indolencia, desgana de conformista que prefiere ganar el jornal y buscar el camino de la casa, antes que apretar para ganar dos jornales en el tiempo de uno. Ese Sevilla que sestea más que madruga, que le dedica al bocadillo tanto tiempo como a la faena, a veces aburre y, además, cabrea. Sabemos que puede sacar un nueve en el examen y se conforma con un cinco. Y a veces esa falta de entrega o esa mandanga le han costado más de un disgusto, y a los seguidores, más de una agonía.

La mañana del domingo había dejado salir a la calle una luz que pedía ya un adelanto de Ramos, que pedía estrenos, que pedía fugaz neblina de incienso, que pedía la primera donde fuera. En el equipo, ausencias que rebajan las apuestas por la victoria. Banega no estaba –dicen que anda “camino” de Milán- y Krychowiak acababa de lesionarse en un entrenamiento. Entre algodones y dudas –o espera de firmas- el delineante argentino y en los talleres del hangar el tanque franco-polaco, la mañana era una duda en el centro del campo y una pregunta en la defensa: “¿Quién vendrá, si la lesión Krychowiak obliga a adelantar al peón Carriço y ese movimiento de tablero debilita la línea de rascacielos?”.

Krychowiak de titular indiscutible en la enfermería, dicen que durante dos meses, y Banega con un pie en Nervión y otro en Lombardía, la situación obliga a que la alegría tenga que trasladarse a San Pablo o a Santa Justa a esperar a Fazio. Puede haber intercambio de cromos argentinos, uno que juega al billar sobre el césped y otro que puede jugar al baloncesto con los ángeles, y dos lenguas extranjeras que, con ellos, se nos vienen al paladar del sevillismo, una para decir “ciao” y otra para decir “hello”. El equipo, sin gracia ni sustancia, se ha colocado el quinto en la tabla, pero entre la enfermería y el aeropuerto no está para más fiesta que gritar “¡Fazio!” ligeramente forzada. No quiero ni pensar que Reyes se quede sin compañero de taco en la partida de billar a tres bandas de lo que resta de temporada.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión