Sampaoli da instrucciones en La Rosaleda (Foto: AFP)
Sampaoli da instrucciones en La Rosaleda (Foto: AFP)

El Obscuro

Es una pena que ya el sobrenombre lo tuviera Heráclito, porque él, El Pelao, podría contestar por El Obscuro de Casilda
Por  11:52 h.

Hacía calor aquel día que llegó. Parecía que venía de firmar como testigo de una boda cani o de un duelo de raza. Todo de negro, y cuando se quitó la chaqueta de brillo, dejó ver, juntos, al cani y al patriarca, y los dejó ver en los brazos tatuados y en las mangas cortas que se apretaban a los bíceps tipo Sato. Más que un entrenador que viniera a revolucionar el fútbol, tenía aires de cura suramericano que, tras una experiencia en zonas deprimidas de Argentina o de Chile, estuviera a punto de hacerse cargo de la parroquia de un barrio obrero. Le revoloteaba por la cara una mosca de tristeza o de timidez, de incertidumbre o de rareza, y cuando le pusieron delante el primer micrófono, no me gustó: rehuía las miradas, como si se le hubiera caído algo al suelo. Tú sabes que no me gustan ni los que rehúyen la mirada ni los que, al saludarte, parece que te dan el forro del bolsillo más que la mano. Dejémoslo en tímido, me dije. O, como mucho, en raro. Poco más tarde, alguien dijo que había venido a España con brujo incluido, y entonces su imagen me cuadró bastante, con naipes sobre la mesa, en un programa televisivo de adivinos, velas y santos raros. Empezó a entrenar a puerta cerrada y poco menos que a hablar a boca cerrada. Cuando empecé a ver aquel Sevilla de mi alma que se quedaba, entregado, en sus manos, recuerdo que le dije, tratando de sonar a voz de allá: «Calláte, viejo, repintate los tatuajes y pedíte un bife de choriso. Y si alguna ves asertás con lo que querés haser, haselo. Pero mientras tanto, silensio, silensio, viejo, que estamos a la oricha del Guadalquivir, no del Mapocho…»

Es una pena que ya el sobrenombre lo tuviera Heráclito, porque él, El Pelao, podría contestar por El Obscuro de Casilda. Heráclito dijo: «En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos.» El Pelao dijo, más o menos, «Es algo anímico, no somos aquel equipo que jugaba, dominaba y marcaba…» Además de Heráclito, Neruda: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.» El Pelao decía que su equipo no dejaba ver todo el equilibrio que tenía dentro… O sea, puro Heráclito: «La armonía invisible es mayor que la armonía visible.» En el Sevilla, este ha sido el año del «…Porque estás que si te vas, y te vas, y te vas…» Como el río «…que da el beso de llegada / con labios de despedida.» El Sevilla, el cuarto, en Champions, sí, pero sabe a Champions sin gracia, porque el ánimo que deja El Pelao y alrededores es un ánimo de amarga victoria, de mentira, de juego de brujo embaucador, cuasi de descenso. De Obscuro. Tan obscuro como llegó vestido.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión