Los jugadores del Eibar celebran el 1-0 de Borja Bastón
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El sheriff

"El Sevilla va de sheriff bueno; el Sevilla sale al césped sin ganas de complicarle la vida a nadie"
Por  10:08 h.

El sheriff de aquella película del Oeste nos sacaba de quicio a los chiquillos, nos ponía de los nervios, porque, por ejemplo, estaba en el salón tratando de ayudar a alguien, llegaba un matón de tres al cuarto, se ponía chulo, insultaba, pegaba dos patadas a otras tantas sillas, pedía güisqui, no lo pagaba y se propasaba con la muchacha que estaba tocando el piano. El sheriff se iba para él y le pedía que dejara de provocar y de formar jaleo, que allí vivía gente tranquila, pero el matón se crecía, en vez de achantarse, y se ponía chulo con el sheriff y hasta se permitía tirarle a la cara la copa de güisqui. El sheriff aguantaba, se limpiaba la cara y le decía que se fuera de allí, que él era la autoridad de aquel pueblo y no quería jaleos. Entonces ocurría lo que a los chiquillos nos ponía malos: el matón zancadilleaba al sheriff o le daba una bofetada. Y entonces ocurría lo que, según los chiquillos, tendría que haber ocurrido en cuanto el matón entró por las puertas insultando y provocando: que el sheriff se hartaba y le partía la cara.

Casi siempre que veo jugar –a veces juega- al Sevilla FC en el “Sánchez-Pizjuán”, y no quiero hablar de los partidos a domicilio, me acuerdo de aquella película, de aquel matón y de aquel sheriff. El Sevilla va de sheriff bueno; el Sevilla sale al césped sin ganas de complicarle la vida a nadie, sin molestar, sin atosigar, sin ponerle a nadie en la jeta la estrella de sheriff al tiempo que le dice quién manda allí. El Sevilla rara vez da primero. El Sevilla se muestra indolente mientras el rival se le cuela por las bandas, o se planta con chulería en el centro del campo, o no se anda con miramientos en la defensa y se va con descaro a la portería. Es muchas ocasiones, la defensa sevillista ha tenido maneras de azafata de congresos que nos acompaña al sitio que buscamos. Y hace falta que el rival le dé dos bofetadas bien dadas para que el Sevilla responda. Hay ocasiones en que el equipo se crece y acaba ganando. Pero hay ocasiones en que a las dos bofetadas les siguen otras dos y el sheriff no sabe dónde meterse. Dice el entrenador que algunos aún tienen que acoplarse. Qué casualidad: a los rivales se les han acoplado todos. Hagan cuentas: ocho jornadas, nueve puntos. O el sheriff se espabila o nos comen.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión