Konoplyanka trata de irse de Cejudo
Konoplyanka trata de irse de Cejudo

Ese algo

A este Sevilla le falta algo, sí, y por más que chasqueo la lengua en el paladar no acabo de saber lo que es
Por  9:17 h.

Como esos guisos que probamos, damos varios chasquidos con la lengua, para asegurar en el paladar la memoria de los ingredientes, y, aunque no somos capaces de decir qué, sabemos que algo falta. ¿Sal? No, de sal está bien. ¿Pasado de pimienta? No, no es la pimienta. ¿Vinagre? No, de vinagre está en su punto. ¿Está bueno o no está bueno? Sí, está bueno, pero le falta algo. No sé lo que es, pero algo le falta.

Así, el Sevilla de Emery, que si ayer decíamos que era como el vino que vende Asunción, ahora es otra cosa, sin dejar de ser el que era: ganó a domicilio en la ida de la eliminatoria de la Copa del Rey –a ver qué pasa mañana en el partido de vuelta, que torres más altas cayeron-, le ganó el sábado a un buen Athletic que pudo meterle tres antes de los veinte minutos de juego, brillaron algunos de sus hombres, sí, pero hay algo que no está redondo, y es, además, algo que le falta, no que le sobre. Le falta algo, sí, y por más que chasqueo la lengua en el paladar no acabo de saber lo que es, que a veces parece que le falta sal –y es la sal-, y a veces parece que le falta laurel, y a veces parece que le falta pimienta, y a veces parece que le faltan huevos…

Konoplyanka, ese talento del fútbol, tiene la mandanga encima y desborda menos que las aguas del río de papel de plata de mi Nacimiento. Hay que ponerlo, claro, porque una mala tarde suya es preferible a la mejor tarde de algunos que no nombro. Le falta, pues, que Konoplyanka le coja de una vez la medida a la banda izquierda como seguro se la ha cogido ya al mostrador donde juegan Cruzcampo y platos de jamón y gambas. Le falta el konoplyankazo, sí, pero además le falta… No sé, pero le falta algo. Mas para no ser sólo duro, canto el feliz regreso de Cristóforo. “¡Qué bien los nombres ponía!…” Cristóforo significa “que lleva Cristo”, y parece que es así, porque parece un milagro que le hubiese nacido dentro el que, tras la enorme lesión que tuvo, sea el gran hallazgo sevillista. Supo trabajar, recuperarse, esperar, entrenarse, y ahí está, indiscutible. Qué pena que, a pesar de esto, al Sevilla siga faltándole ese algo que no sé qué es y que ojalá no acabe por hacerlo insípido.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión