Unai Emery, en rueda de prensa (foto: Jesús Spinola)
Unai Emery, en rueda de prensa (foto: Jesús Spinola)

Insipidez

Mañana viene la Juve y dentro de unos días hay que “subir” a la Palmera…
Por  17:30 h.

No digo insipiencia, que ya saben que es posible ser un sabio insípido, tanto como se puede tener una sabrosa ignorancia. Digo que Unai Emery es, digamos, un cocinero que cuando lo tiene todo listo para servir a la mesa un manjar con los mejores ingredientes, descubre que se le ha olvidado la sal. O descubrimos que nunca la tuvo, que siempre fue un desaviado de sal, algo tan frecuente. Al menos, como entrenador del Sevilla FC. Si alguna vez hemos dicho que tiene algo del vino que vende Asunción, que ni es blanco, ni es tinto, ni tiene color, en sabores anda más o menos como en color: el juego –es un decir, claro- del Sevilla no sabe a nada.

Un paisano mío creó, sin saberlo y por supuesto sin pretenderlo, un neologismo que me ha sido de mucha utilidad en variadas ocasiones. El paisano quería decir que uno del pueblo era alguien sin gracia y sin muchos argumentos, y dijo: “Ese es un… insurdo.” Perfecto. Unió dos palabras en una; consiguió el híbrido necesario para ahorrarnos un adjetivo, y, en su voz recién inventada, aquel paisano era insulso y absurdo, o sea, un insurdo. Como el juego –es un decir- del Sevilla FC que entrena el señor Unai Emery. Si muchos sevillistas no vamos a aprender a escribir correctamente su nombre y apellido, porque muchas veces escribimos “Unay Emeri”, él, el entrenador, se va a ir de aquí sin haber aprendido –o al menos sin habernos demostrado- cuál es su concepción del fútbol. Tan es así, que acierta un día y todos pensamos que se ha equivocado. Mañana viene la Juve y dentro de unos días hay que “subir” a la Palmera… O sea, más o menos, esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad. Ojalá le salgan las cuentas, porque también nos saldrán a muchos. Pero es que por más cucharadas que tomo, el caldo sevillista no me sabe a nada. Y lo que no sabe, casi no es, o es algo insurdo. Y así no se va a ninguna parte. Suerte.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión