Emery habla con Banega
Emery habla con Banega

Mantecados

"Unai tiene un piano al que parece que le han cambiado el color de las teclas, y no le sale nada. O casi nada. Y cuando le sale, nadie cree en que seguirá saliéndole"
Por  10:44 h.

En el fútbol, y en concreto cuando hablamos de los entrenadores, los mantecados son, a veces, la arena de la clepsidra que los aficionados colocan en la repisa de la espera –esa espera canalla-, el reloj que inexorablemente lleva a las horas, a las alegres y a las amargas. Y, en algunos casos, decimos: “Ese no se come los mantecados.” No se come la arena de la clepsidra, no se bebe las gotas de agua, no masticará los segundos. Como en el poema de Antonio Machado, ocurre que en más de una ocasión un entrenador no ve caer “la última gota que en la clepsidra tiembla”, porque cuando la gota, o el grano de arena, cae, cae sin que el míster se entere. Última campanada de despacho que no siempre es justa. Pero suena muchas veces, sobre todo cuando la pelota no entra o las cuentas no salen.

Escribo antes de que se juegue el partido del Sevilla FC frente al Real Madrid y no sé si, como en otras ocasiones, los madridistas nos humillarán, si les aguantaremos el pulso o si aun les ganaremos. No lo sé, pero el juego de los últimos partidos –bueno, en verdad, desde que empezó la Liga, con contadísimas excepciones- del equipo de Nervión no es moneda suficiente para garantizarle mantecados en Navidad a nadie, ni al entrenador ni a los niños recogebalones. El Sevilla está desarbolado, sin saber cómo trenzar una cuerda firme con los buenos hilos de que dispone. ¿Culpa del entrenador? En buena medida, creo que sí. Unai tiene un piano al que parece que le han cambiado el color de las teclas, y no le sale nada. O casi nada. Y cuando le sale, nadie cree en que seguirá saliéndole. No es un dechado de valentía, el entrenador; no es un tipo que salga a partirle la cara al rival y a que se la partan; no. Tiene mucho aguante, pero no sé si los aficionados sevillistas estarán dispuestos a mantenerle el crédito –si es que todavía se lo mantienen-, porque, hay que reconocerlo, la grada está aguantando carros y carretas, y ya no sabe si Llorente es el delantero ideal o el fracaso que vino en verano; si Immobile es el 9 puro que el equipo necesita o un anarquista que va a lo suyo; si Konoplyanka es lo que parece –a mí me maravilla ese futbolista, conste-; o si ahora va a resultar que el Sevilla es un solo futbolista que se llama Banega. Y que ya Reyes no vale, ni vale Luismi, ni se explica nadie por qué Andreolli, que recurrieron a él como parche y resultó medicamento curativo, no tiene las oportunidades que tiene el impronunciable Kolo. No sé lo que pasará. Quizá todo dependa de la imagen, más que de los resultados. Pero si el Sevilla sale descuartizado de su enfrentamiento contra el Madrid y no se recupera ni dentro ni fuera, mucho me temo que será muy difícil que el aliento de algunos huela a mantecados. Aunque sea injusto. Pero el fútbol es así de canalla.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión