Antoniet, en el Sánchez-Pizjuán (Foto: SFC)
Antoniet, en el Sánchez-Pizjuán (Foto: SFC)

Nombres

Hace unos días murió Antoniet y se quedó vacío otro hueco de mi álbum
Por  10:19 h.

Podía cambiar un nombre, o podían cambiar dos, pero el bloque se mantenía, por lo que en los álbumes se repetían las estampas un año y otro, y otro, y otro… Mut, Santín, Campanal, Valero; Ruiz Sosa, Achucarro; Agüero, Diéguez, Antoniet, Pereda y Szalay. Antoniet, en mi vida, dio un salto desde las estampas de aquellos álbumes a un almuerzo, hace dos o tres años, en el “Sánchez-Pizjuán”. No fui capaz de reconocerlo, es natural. No lo vi más que en las estampas, jamás lo vi jugar, pero en aquel almuerzo, como antes en algún acto en el antepalco, fue como completar el más apetecido álbum de los sesenta con los nombres que se sentaron a la mesa. Allí, con Ignacio Achucarro, estaban algunos de sus compañeros, eterna cercanía, y el retrato del mediodía me hizo niño, como aquel otro día cuando coincidí con José Carlos Diéguez, Manolo Domenecq, Juanito Arza, Antonio Valero y Manolo Ruiz Sosa y les dije que era la ocasión en la que sentía más arropado mi sevillismo, mejor representado, más emocionante, vivo álbum de admiración y ya también de afectos.

Hace unos días murió Antoniet y se quedó vacío otro hueco de mi álbum. Ya mi álbum tiene demasiados huecos, ya el escudo –mi escudo- lleva demasiados lazos negros entre sus líneas rojas y blancas. En mi memoria infantil de sevillista hay nombres grabados en oro, y Antoniet es uno de ellos, y ahí seguirá, ya sólo memoria en el selecto álbum de los idos, que vaya gloria ida que tiene mi memoria futbolística. Quedan, gracias a Dios, nombres vivos y muy cercanos en el trato y aun en la amistad o el afecto: Pepe Rodri, Pablo Blanco, Antonio Álvarez, Enrique Lora, Curro Sanjosé, Francisco López Alfaro, Manolo Jiménez, Santos Bedoya, Julián Rubio, Baby Acosta… No sé si los niños de hoy podrán mañana recitar de memoria una alineación, pero es muy posible que sea la alineación de una temporada, si no de media. El fútbol hoy es otra cosa. Yo me quedo con aquellas alineaciones que se hacían cuasi eternas, tanto, que más de medio siglo más tarde, el nombre de Antoniet estaba ahí –aquí- pegado en el álbum de mi memoria con engrudo de varias temporadas, y era y es inolvidable. Por encima de su muerte, Antoniet sonará en mí mucho más que nombres de relumbrón que pasaron por el equipo como por un hotel. Descanse en paz.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión