Diego Simeone y Unai Emery se saludan antes de un Atlético-Sevilla
Diego Simeone y Unai Emery se saludan antes de un Atlético-Sevilla

Papas con Cholo

Emery, menos mal, preparó unas papas con Cholo que sorprendieron a Simeone y a todo lo ayer rayado
Por  10:55 h.

Acá lo conocemos, sabemos cómo se las gastaba el porteño cuando había que matar conejos a patadas a boca de madriguera, las tardes que el balón era una duda en las botas propias y una obediencia esférica en las botas rivales. Era duro, sí, pero efectivo, y si se formaba la reyerta, teníamos seguro que las primeras manos que empezarían a hablar serían las suyas –aunque a veces hablaran por la espalda-, a pesar de aquel puñetazo que Romario le aplicó en casa, acá, en el Pizjuán del “¡Pisálo, pisálo…!”, cuando en la Expo el sol convertía en SPA los estanques y las láminas de agua que en La Cartuja eran un trampantojo, más que un alivio para el largo verano del 92.

Acá lo conocemos, y sabemos que cuando toca enfangar el campo con chaparrones de marrullería, nadie como él para enfangarlo. Sabe jugar desde la banda como si estuviera colocado en el centro del campo. Y ayer su equipo, que ya no es el Sevilla, aunque lleve los mismos colores que el escudo que lo trajo a España, ayer, decía, su equipo jugó con doce y el Sevilla, durante media hora, con diez. Iglesias Villanueva se colocó en todas partes como el mejor jugador colchonero, y acojonó al Sevilla con finas espadas rectangulares y fosforescentes, lo amarilleó con tarjetas y se inventó una expulsión. Pitó todo lo que al Sevilla podía suponerle un peligro en contra, y no me explico cómo no se atrevió a lanzar algunas faltas o a despejar algunos balones peligrosos en el área atlética.

Todo estaba –o eso parecía- preparado para que los sevillistas volvieran de Madrid con la necesidad de tener que sacar varios billetes más para que en el AVE pudieran acomodarse los goles en contra. Pero miren por dónde, ¿viste?, Emery, menos mal, preparó unas papas con Cholo que sorprendieron a Simeone y a todo lo ayer rayado. Cero a cero. Cada jugador sevillista, un fielato que no consentía que pasara, sin revisar, ninguna mercancía. Y si se dormía algún guardia palangana, había otro que le hacía el trabajo. Ayer, entrega en todas las líneas. Mucho freno y poco acelerador; marchas cortas, sí, pero efectivas. Simeone quizá se preguntara al final por qué dejó escrita en el Pizjuán, tan clara, la receta de las papas con Cholo que ayer tuvo que almorzar, tarde, además, cuando era ya hora de digestión hecha. Ayer, el Cholo, desde la banda, no pudo evitar, ni con el árbitro a favor, que se mataran conejos a patadas, esa forma de cacería que él enseñó acá. Ayer no le hubiera servido ni el “¡Pisálo, pisálo…!”

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión