Salvatore Sirigu en el momento de cambiarse la camiseta con Iborra en Bilbao
Salvatore Sirigu en el momento de cambiarse la camiseta con Iborra en Bilbao

Penas de medio campo

A ver si cada uno va enseñando ya de una vez su camiseta correspondiente
Por  11:52 h.

Me quemaba la sangre el otro día, cuando leía algunas crónicas que no eran más parciales porque a los firmantes se les olvidó ponerle al ordenador la camiseta rayada. Juicios de medio campo, sí. Cien ojos para ver lo que parece que fue gol legal –a pesar de que discutan la primera fase de la jugada- y ciegos y con venda para ver dos penaltis, dos, uno a Mercado y otro a Iborra. Pero, claro, es que los dos penaltis fueron en la mitad del campo que no ven algunos, o que no quieren ver. Y usted se preguntará por qué hablan algunos de que el partido, si se da por buena la jugada del gol, hubiese terminado en empate. Pues muy sencillo, porque no quieren hablar de los dos penaltis, porque para ellos no existieron, como no existió el karate de algún defensa que confundió -¿o no la confundió?- la cabeza de Vietto con la pelota; como no existirá la jugada legalísima de ayer en el área del Athletic –penalti y expulsión del portero bilbaíno-; ni fue penalti y roja, ni siquiera falta al borde del área –con la roja incluida, conste- en el área del Málaga, el viernes… ¿Aquí, en este caso, no hay clamor, brazos en alto, ensañamiento…? Crónicas de medio campo, algunas de las que leí en varios sitios tras el derbi. Para eso, mejor voy por las claras y digo lo sevillista que soy, ¿o acaso es un pecado serlo y escribir? A ver si cada uno va enseñando ya de una vez su camiseta correspondiente, que se trasluce por encima del chubasquero y es un clamor…

Sí, soy sevillista, a pesar de Sampaoli, de algunos nombres que han traído y de algunas planificaciones. Sí, soy sevillista, a pesar de las mentiras que han estado vendiéndonos –no sólo el entrenador-, a pesar de los engaños de que si vamos a jugar así y acaban jugando peor que en el patio del colegio. El eufemismo alcanza a veces, en la voz del entrenador, cotas de cumbre del Aconcagua: “Nos faltó precisión para transformar la posesión en ocasiones.» O sea, que le chutan al arcoíris y da en el poste. Bilbao, año 2016, septiembre… Qué espanto de dibujo –garabato- sobre la yerba; qué desastre de defensa, de centro del campo, de ¿delantera? Querrán matar a Carlos Fernández, ese fino futbolista, dejándolo solo allá arriba, sin propios que le acarreen balones y con dos defensas como dos gorilas. ¿Qué quiere hacer el entrenador? ¿Alguien lo sabe? Cualquier día los jugadores saldrán con raquetas, o con tacos de billar, o con palos de golf. ¿A qué juegan? ¿Era Kolo ese defensa que iba a encandilar al mundo? Ayer mereció llamarse, más que Kolo, Koldo. Vasco total estuvo, de tantas facilidades como dio por la banda que nunca fue suya. Un desastre. Llamen a David Castedo. Ni Iborra sabía qué hacer con el balón en los pies; ni Mercado sabía dónde estaba, colocado de central. Nasri, solamente. Y en parte, Sarabia. Nasri, cumbre. Estuvo en todo. Enorme futbolista. Casi todo lo demás, penoso. Y sale Franco –qué pena, Franco, cómo te has apagado, muchacho- y parecía que acababa de llegar de hacer tres etapas del Camino de Santiago y, además, con los pies de hielo. Y la sangre. Y para coronar el desastre, el portero –quien te puso Salvatore / no supo ponerte nombre-, Sirigu, que la cagó en una salida, en parte en los goles y aun con el codo, cuando picó en el sucio anzuelo de las malas artes de Aduriz. (A ver si hay ahora ánimo doricojónico de chillarle a Rico…) Y Vicente el del Canasto dando bandazos en su área de entrenador y preguntándose qué aura le vería su brujo de cabecera a Sirigu para aconsejarle su alineación… Me veo en un hipotético centro, entre juicios de medio campo y estrategias de medio campo. Qué horror sería tener que hacer el saque de honor…

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión