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Pendones en Granada

Este entrenador tiene algo de persona que no acaba de saber vestirse, y cuando acierta con el sombrero, falla con los zapatos, y si se pone la chaqueta adecuada, no le van los pantalones
Por  10:20 h.

Por un día, vamos a olvidarnos –es un decir- del entrenador, del “Boabdil” sevillista que no sabe qué hacer con sus huestes, y vamos a centrarnos en la actitud “guerrera” de los muchachos. Hacía apenas unas horas que en la ciudad de la Alhambra se había celebrado, con la habitual división de opiniones, la Toma de Granada, y se ve que el aire aún olía a pendón, y que un complejo de pendón arrastraba a muchos de los que, llegados desde Sevilla, saltaban al césped. Lo digo porque en la tarde del domingo hubo un evidente aire de pendones, un triste aire de pendones que no daban ni para tomar Granada ni para tomar un vaso de agua.

El entrenador, esta vez, había hecho una apuesta de valiente, de echado para adelante, y había colocado a dos delanteros centros para que los goles, cuando no llegaran por tierra, llegaran por aire: Llorente y Gameiro. Pero este entrenador tiene algo de persona que no acaba de saber vestirse, y cuando acierta con el sombrero, falla con los zapatos, y si se pone la chaqueta adecuada, no le van los pantalones. Y fue así: todo lo que acertó con la delantera, erró en el centro del campo. Eso que dicen de la manta corta, que cuando te tapa la cabeza te desnuda los pies, y al contrario. Lo cierto, y por cierto, triste, es que los del Granada no nos dejaron entrar en su reino, entre otras cosas porque no sabíamos cómo, porque nos pesaba mucho el pendón, o nos pesaban mucho varios pendones, delante, detrás y en el centro. Pendones sevillistas que se arrastraban por la yerba con movimientos de vencidos. Cuando no falla el entrenador, falla el equipo, y cuando no, fallan los dos. Aquí está la Liga –y ahí mismo, la Copa-, lo que parecían querer algunos. ¿Y qué? Pues lo que vimos ayer, más pena, más impotencia, más fallos de escolares. ¿Vieron cómo algunos gigantes del Sevilla “acompañaron” al delantero granadino a que supiera por dónde tenía que ir para marcar por bajo y por la izquierda? La toma ¡toma! De Granada. Pendones. Otra vez la del tigre, y, en este caso, la del tigre y la del Patio de los Leones. Incapaces. “Los dos ríos de Granada / bajan de la nieve al trigo”, y los jugadores del Sevilla –sálvese el que pueda- ni suben, ni bajan, ni se quedan, ni nada. ¿Falta de intensidad? No: pendones. Cuando al final del partido iban cabizbajos camino de la ducha, daban ganas de decirles, cambiando “mujer” por otras voces, aquello que a un Boabdil llorón al ver cómo había perdido su reino, le dijo su madre: “Llora como mujer, ya que no has sabido defender tu reino como un hombre.” Más o menos.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión