Los jugadores sevillistas celebran el 2-2 de Correa con la afición del Sevilla en Anfield (Foto: AFP).
Los jugadores sevillistas celebran el 2-2 de Correa con la afición del Sevilla en Anfield (Foto: AFP).

Pobre palangana

Mira si eres desgraciado que es posible que seas del club más antiguo de Andalucía
Por  10:51 h.

Ya sé que es otoño y que nos viste la pegajosa camisa del aire del membrillo, y que lo tuyo es la primavera, el barco por el Río y la luz que mayo empieza a encender para que se haga Feria, las banderas al aire como nuevas flores -blanquirrojas- y la gloria pidiendo de nuevo vitrinas. Ya lo sé. Pero es que estás demasiado caído, muchacho, y no sé si será complejo de inferioridad, cansancio de derrotas, fatiguitas de ir a la cola o desesperación que abandona el campo diez o quince minutos antes de que acabe el partido, esa estampía de corazones que por lo visto no lo son tanto, esa deserción de los labios que juraron ir contigo así en las duras como en las maduras. Te veo triste. Y, hombre, bien pensado, creo que tienes razón con esa tristeza.

Pobre palangana. Estás aburrido, cansado, harto de lo mismo. Te vendría bien pasar unos añitos de más derrotas que encuentros, de no poder celebrar más triunfos que la derrota ajena; te vendría bien ver cómo en el sótano de tu casa se reviene la pólvora de los cohetes que compraste más para convertir en festivo el revés del otro que para el imposible de tener en casa algo que celebrar. Pobre palangana. No hay más que mirar en tus bolsillos para entender la ruina que arrastras, para hacerse cargo de tu pobreza, esa pobreza que cumple un año, y otro, y otro… Mira si eres desgraciado que llevas setenta y tres años en primera división y has estado veinticinco veces entre los cinco primeros. Mira si eres desgraciado que es posible que seas del club más antiguo de Andalucía. Me das pena, palangana.

Tendrías que mirarte y darte cuenta de que tras el escarnio ferroviario de tu centenario -Centenario-, cuando se burlaban de tus banderas y se las repartían, rotas, como el sudario de un cristo sin nadie a su lado, desde entonces, muchacho palangana, sólo has ido hambreando, recogiendo reveses, «umbrío por la pena, casi bruno…» Fíjate, muchacho, desde entonces, has tenido que convivir con la miseria de ver cómo tu equipo se enfrentaba al Tottenham, a la Juve, al Liverpool, al Arsenal… Me das pena, muchacho, porque miro tus vitrinas de los últimos años y veo que tienes la lástima de una Supercopa de España…, bueno, sí, y otra de la Supercopa de Europa. ¿Y qué? Una pena. Sigo mirando y solamente veo dos Copas del Rey, ya ves, ¿adónde vas tú con eso? Me dan ganas de reírme, jajaja… Pobrecillo, en menos de diez años, cinco Copas de valor europeo, cinco Uefas, solamente cinco. Vas en cabeza y sin embargo, a pesar de todo esto, no celebras nada, vas por la calle como si nada. Hay que ver, muchacho, lo que es estar tan hecho a la gloria…

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión