El presidente del Sevilla FC, José Castro, junto a Curro San José
El presidente del Sevilla FC, José Castro, junto a Curro San José

Sanjosé

El extremo preguntó cómo se llamaba aquel defensa que lo había anulado: «¡¿Sanjosé?!… ¡Virgen bendita…!»
Por  11:33 h.

Lo vi cuando hacía la mili, un verano de amistosos o de «Ciudad de Sevilla», corriendo por la yerba lateral del Sánchez-Pizjuán como si escapara de una maldición. Aquel día, en paralelo con la raya blanca del límite del terreno de juego, por Fondo, quedó marcado con tacos el Morse de la velocidad. Y pegado a la bota de su pie izquierdo, el balón, que con un golpe seco y magistral volaba como incendiada bola de catapulta al área rival. Dos cuádriceps como dos noray para amarrar petroleros, espalda de porteador del muelle y un 3 a la espalda que advertía de que aquel muchacho era la síntesis de la garra, el coraje y la fuerza. Como un Scotta zurdo y sevillano, aquel muchacho, cuando golpeaba el balón, ponía a prueba las costuras del cuero presidiario que rodaba por los campos de fútbol. Guarda de la banda izquierda, resumen de los defensas machos de la historia, ponía el portillo de su casta sin entretenerse en preguntarle al otro por qué quería pasar. El extremo derecho rival de aquel día, cuando preguntó cómo se llamaba aquel defensa que lo había anulado, exclamó: «¡¿Sanjosé?!… ¡Virgen bendita…!»
Quizá fue en el obrador del enorme Gregorio Durán -al pie de la peluquería de Santa-, aquella confitería de casi todas las celebraciones sevillistas, donde nos conocimos y empezamos a ser amigos.

Han pasado casi cuarenta años y Curro Sanjosé y Amparo, su mujer, son desde entonces una cercanía frecuente y siempre muy celebrada. Amparo, guapa morena, encantadora, cariñosa, y Curro, bueno, noble, alegre, cariñosísimo, sencillo, cordial, simpático… Al poco vinieron celebraciones en mi pueblo, en los pinares, en la Casa de El Colmenar, con otros compañeros suyos y sevillistas que éramos amigos de todos ellos. Por allí andaban Paco Gallego, Sanjosé, Martínez… Sanjosé ya era Curro y el futbolista, amigo. Mi sevillismo se movía en aquellos años setenta con la gloria sevillista que calzaba con extraordinaria gloria las botas, y entre ellos, muy destacado, Curro Sanjosé, un tío como la copa de un pino, un encantador amigo, un brillante extremo que se hizo defensa porque de extremo se le quedaba chico el campo. Ayer, el Sevilla lo honró con el Dorsal de Leyenda. Se lo tenía ganado. Y el cariño que recibió. Pocas veces un pecho llevó el escudo del Sevilla con más orgullo. No pude estar con él, y bien que lo sentí, y él lo sabe. Nos hizo amigos el Sevilla y nos mantiene amigos el cariño que labramos. Hoy, estas líneas homenajean al hombre que por la banda de la amistad ha dejado en mi vida huella de su grandeza. Enhorabuena. Un abrazo grande, Curro, en el que quepa Amparo.

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión