Sentimiento

Porque no me asiste odio contra otros equipos, no entiendo el odio contra el Sevilla de mi alma
Por  17:14 h.

Conocí entonces a hombres que se alistaron a un bando con tal de ponerse contra otros hombres, no porque sintieran la bandera que defendían. Los había, sí; como me contaban que los había que habían buscado en un uniforme —en un lado o en otro— una justificación para matar o para vengarse, porque el pantalón de la ropa de paisano no tenía lo que había que tener en los trascorrales de la portañuela. Los había desalmados que se ampararon donde fuera, con tal de crear el enemigo al colocarse al otro lado de éste. Pero también los conocí que estaban donde estaban por un claro sentimiento de defender lo que consideraban lo mejor, y lo defendían no con los argumentos del odio, sino con los de amor, que ya sabemos que hay quien es capaz de convertir una cruz en espada y una espada en una cruz.

No estaré nunca del lado de los que necesitan machacar al otro para ser feliz. En esto del fútbol, los he conocido como me contaban de algunos de las vísperas de la guerra, durante la guerra y en la posguerra: buenos, malos, mejores y pésimos. Conozco a hombres que nacieron mamando un sentimiento que quizá nunca sepan por dónde les vino —como aquel «querer sin sentir» que cantaba La Piquer—, pero les vino, se les quedó y, por lo general, ha ido creciéndoles como un amor más de su sangre. He conocido a béticos y a sevillistas que no comían o no dormían si perdía su equipo, y he conocido a sevillistas y a béticos que no comían ni dormían… si ganaba su contrario. Esto que me suena dentro es sentimiento sevillista; y esta pasión rojiblanca no nació contra nadie, porque entonces no sería amor y pasión, sino odio; no disfrutaría de su felicidad, si para ello dependiera de la felicidad del otro. Es un sentimiento que no sé cuándo nació —sólo sé que fuera de los de mi sangre es el más viejo—, pero sé que no se extinguirá. Entiendo sentimientos deportivos de otro color, porque pienso en el mío; y porque no me asiste odio contra otros equipos, no entiendo el odio contra el Sevilla de mi alma. No me hice sevillista por ir contra nadie; sería el escudo, el nombre, mi padre, el primer álbum, los amigos… No recuerdo no haber sido sevillista. Y esto que siento hoy, colmado de triunfos españoles y europeos, después de una larga sequía, no es ni revancha de vencido, ni engreimiento de triunfador, ni displicencia de rico nuevo: es sentimiento sevillista que nació cuando la primera memoria y que hoy, junto a tantos otros, se emociona, tan sentimental. Porque el Sevilla es un sentimiento. A ver si van a creer algunos que es la reacción por la picadura de la araña parda.

antoniogbarbeito@gmail.com