Llorente pugna por un balón en el Celta-Sevilla (Foto: EFE)
Llorente pugna por un balón en el Celta-Sevilla (Foto: EFE)

Sevilla FC: El Deseado

Me explico que te envidien tanto y que no puedan quitarse tu nombre de la boca
Por  11:23 h.

Al final, por más que digan y por más que canten, por más que se precipiten en adjetivos y en definiciones que cuasi rozan lo sagrado, tú eres El Deseado, la aspiración, la referencia, la inevitable distancia que se sueña alcanzar. Cuentan algunas lenguas de ahora que tu afición es menor, y no saben vivir sin nombrarte como el deseo más necesario, o a lo mejor eres la pesadilla, o quién sabe si el causante de algún complejo que a veces delira y no sabe más que decir tu nombre, enloquecido en la espiral de su impotencia. Ahora no sale ningún escrupuloso a señalar cómo airean otros la bufanda de la voz y empiezan a levantar monumentos a la estulticia. Tú podrías decir aquello de Manuel Machado en “Adelfos”: “…Ni os amo ni os odio. Con dejarme, / lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí…” Pero eso es imposible, porque tú eres la referencia: si llueve, porque esperan que te mojes; si hace calor, porque esperan que te achicharres. Y tú, tan a lo tuyo, a tu aire, sin mirar –no vale la pena- a nadie. Si días duros, a tragar; si días de vino, a descorchar, pero sin acordarte de nadie, que no vale la pena. Pero a ti no te dejan en paz, tú eres El Deseado, la referencia, el nombre que no se cae ni del pensamiento ni de la boca, porque eres ese “…no sé qué que queda balbuciendo…” en los labios de algunos que no pueden vivir sin nombrarte, sin temerte, sin soñar rebasarte. Hay quien cree que si tú no existieras, no existirían otros que parecen existir sólo para tratar de destruirte.

Cuentan algunas lenguas modernas que tu afición es menor… Lo dirán quizá porque huías por las gradas, un paso de pena y otro de vergüenza, camino de la calle y el bochorno, una noche contraria no muy lejana… ¿O no era tu afición la que huía, sino la que causó la huida con dos escándalos en las redes? Por más que tú vivas sólo para ser tú, hay quien no puede vivir sin nombrarte, sin soñarte, sin querer ser como tú. El Deseado, ya te lo he dicho. Que arreen la burra.

Qué pena que ayer Federico se empeñara -¡en el centro del campo!- en escribir atropelladamente con los pies su apellido y escribiera Zafio, en vez de Fazio. Y, claro, le dieron una tarjeta para la ducha cuando todavía no había sudado. Y dejó a los suyos en desventaja. A pesar de eso, de los tres puntos que tenían claro, lograron uno. Arriba, una vez más, Llorente estuvo Llorante. Ya no sabemos si le queda chico el balón o le queda grande el césped. O la camiseta. O la ficha. A ti, en cambio, el “Sánchez-Pizjuán” te queda clavado. Y tu afición, aunque la llamen menor, ajustada a tu gigantesca e internacional medida. Me explico que te envidien tanto y que no puedan quitarse tu nombre de la boca. Ni del pensamiento. Ni del insomnio. Ni de allá arriba. Eso cuentan las lenguas antiguas…

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión