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Y el nombre de Sevilla, arriba

Otra vez Europa, otra vez una final de Copa del Rey, posibilidad de jugar otra Supercopa
Por  10:40 h.

Un escudo grabado en mi pecho, / corazón que mis venas inflama, / y ese nombre sonando en mi boca, / inundando de gloria mi alma… Y es así, de verdad, es así desde siempre, es verdad que “cuando digo Sevilla, me asoman / las más hondas y eternas palabras…” Sí, es así, digo este nombre y “a la voz se me vienen jazmines / que se enredan en una Giralda, / y un poniente encendido de rojos / que coronan el sueño en Triana…” Es así, desde siempre. Ese nombre, Sevilla, está allá arriba, porque su afición son “gentes de Copas”, gentes que han conocido mucho mundo gracias a ese escudo, ese nombre, esa pasión, ese grito trisílabo, “¡Se-vi-lla…!”.

El nombre, Sevilla FC, está allá arriba… Y si le pongo un río a sus pies y pongo versos de orillas, y echo a rodar un balón por un Nervión futbolista, el fútbol se hace pasión que no golpea, acaricia… Sí, blanquirrojea en el sur la pasión definitiva. El sevillismo ha perdido la cuenta –es un decir- de las finales que ha jugado y de las que ha ganado. Desde hace diez años, aquí es el único equipo que juega finales, y, claro, el único que ha ganado algunas de ellas. El nombre, Sevilla FC, allá arriba, altísimo, lleno de gloria, con altares deportivos que lo esperan. Ahí está, arriba. Falló el entrenador en algunos planteamientos, erró en muchos “remiendos”, no supo ver dónde estaba la “avería” de su equipo y no usó la llave adecuada, sí, pero ahí está, arriba. Y sufrió reveses de lesiones, y los sufre aún. Y ahí está, arriba. Y no olvidemos que dos de las apuestas más caras, una por lo que costó y la otra por lo que cobra, han sido dos fracasos hasta ahora, Immobile tuvo que irse a Italia y Llorente anda ahí sin que sepamos bien para qué vino. Pero Gameiro escribió con los pies el olvido de Bacca y el equipo, arriba. Y la afición, de sombrerazo. Ha habido días de mandanga de varios futbolistas, sesteos de otros, torpezas de algunos, pero el equipo está ahí, arriba, llevando el nombre de Sevilla más alto que nadie. Gente de Copas. Remozaron el estadio, esa belleza, y parece que todo se remozó con el rojo encendido, con el blanco puro. Otra vez Europa, otra vez una final de Copa del Rey, posibilidad de jugar otra Supercopa. La Sevilla que sólo hablaba con acento local, ya es políglota, ya su casa habitual es Europa y su nombre, inconcuso, luce en las solapas de los estadios más conocidos de nuestro continente. Así es. “Rojiblanca bandera de gloria / encendiendo de luz dos orillas / y escribiendo en el aire la historia / con el nombre inmortal de Sevilla.”

Antonio García Barbeito

Antonio García Barbeito

Colaborador de Opinión