Los jugadores del Sevilla FC corrieron a su banquillo para celebrar todos juntos el gol de Jovetic (Foto: EFE)
Los jugadores del Sevilla FC corrieron a su banquillo para celebrar todos juntos el gol de Jovetic al Real Madrid (Foto: EFE)

Nervión tiene un sonido especial

Un día de estos el espía de Tebas entiende que es muy penalizable cantar el himno del Arrebato
Por  9:41 h.

Eso dice el espía que redacta los informes para LaLiga. Que Nervión suena fatal. Que Nervión insulta, denigra y humilla. El espía no está entre las mejores amistades de John Le Carré. Pero si entre los que más crédito atesora en la cúpula del Mossad de la Liga. Me cuentan que, en cierta ocasión, a un sevillista de pro, en una reunión con Tebas, el confeso realista que no se empalaga comiendo dos docenas de merengues en la dulcería de don Florentino, le dijo que tarde o temprano acabaría cerrando el Pizjuán. Quizás como medida ejemplarizante. Porque en Nervión las palabras son sapos. Las frases, dagas en el honor del adversario. Y los cánticos, insultos a la patrona de la casa donde nació un hijo futbolista al que Nervión reprueba. La pregunta es siempre la misma: ¿solo suena así Nervión? ¿Solo Nervión tiene un sonido especial? ¿En otros campos del fútbol español ni se insulta, ni se humilla, ni se agrede verbalmente? ¿Son esos campos como el monasterio de Silos a las cuatro de la tarde? ¿Seguro?

Hay un vídeo muy reciente circulando por las redes en las que se aprecia con absoluta nitidez cómo un grupo de madridistas radicales, en el partido de ida de la Copa, fueron “casualmente” ubicados justo debajo de un grupo de sevillistas. Durante todo el partido sufrieron un diluvio de insultos, humillaciones y otras variantes líricas capaces de sacar de quicio a una estatua de mármol. No estaba el espía. Así que Tebas no se enteró de lo que pasó en el Bernabeú donde, así, así también insultan los del Madrid. En la prensa sevillana solo apareció un comunicado, perdido y aislado, del peñismo blanco denunciando los hechos. Fue como una lágrima en el océano. Se perdió en el mar de letras de los periódicos. Un buen amigo me cuenta cómo en el estadio del Valencia, en cierto encuentro con el Sevilla, tuvieron que salir de naja (iba acompañado de sus hijas pequeñas) porque los chicos que entregaron su club a un chino para seguir perdiendo como un indio, comenzaron a mearlos desde la grada superior. Con la policía presente y sin que hicieran, siquiera, un amago de intervención para cortarle la incontinencia a los guarros. En el campo del Manzanares ¿hay que contar lo de Puerta y lo de yonquis y gitanos? ¿Y en Eibar? ¿Y en algún campo hermano del sur donde el piropo más rimado es Puta Sevilla? ¿Seguro que es solo aquí, en Nervión, donde las palabras duelen?

La campaña del club insistiendo en que insultar no es animar y animar no es insultar no creo que se encuentre en otros muchos campos españoles. Quizás porque en Nervión se insulta mucho. Mucho.  A veces de forma desmesurada. Personalmente me resulta muy, pero que muy desagradable ir a Nervión con mi hija y tener al lado de mi localidad, por atrás o a la vera, a un descerebrado que ha convertido su lengua en una máquina febril de insultar y humillar al adversario. No lo puedo soportar. Me provocan las mismas arcadas que el aceite de hígado de bacalo en copa de balón. Pero sigo preguntándome en voz alta: ¿solo el espía de la Liga tiene motivo de inspiración para perseguir orfeones de insultos en Nervión? La normativa de la Liga para sancionar estas situaciones resulta tan evidente como escorada. Porque solo descubre lenguas de serpientes en Nervión. Nunca en el Bernabeu, ni en el Manzanares, ni en Valencia, ni en Eibar, ni en el campo hermano de espetolandia…Y eso se carga por la mitad del eje el objetivo pedagógico que toda norma sancionadora transporta en su espíritu. ¿Con que jeta tan dura se puede machacar a una institución por hacer lo mismo que se hace, impunemente,  en casi todos los campos menos en los de badminton? La rebeldía con la que Nervión contesta a semejante agravio solo es explicable por la arbitrariedad con la que se aplica la norma. Esa doble vara de medir las voces que tienen Tebas y sus espías. El día que uno de estos espías informe que a los señoritos también se les multan porque dicen tacos horrendos a los catetos de provincias que van a animar a sus equipos, ese día, digo, lo mismo las gradas comienzan a entender que animar no es insultar y las cosas en Nervión comenzarán a reconducirse. Pero hasta entonces cuidado. Un día de estos el espía de Tebas entiende que es muy penalizable cantar el himno del Arrebato por la sencilla razón de que es el mejor de España y parte de Europa.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión