Jorge Sampaoli sale de la sala de prensa (Foto: Jesús Spínola).
Jorge Sampaoli sale de la sala de prensa (Foto: Jesús Spínola).

Soñar es libre y barato

También estamos los que nos hemos ilusionado con nuestro club viéndolo ahí arriba...
Por  10:04 h.

Unos se ilusionan bailando un yo-yo. Otros chupando una piruleta bien colorá. Los hay que ponen toda su ilusión en llevarse lo que no es suyo. Actividad esta nada honorable aunque da muchísimos beneficios. Y también estamos los que nos hemos ilusionado con nuestro club viéndolo ahí arriba, en la terraza del rascacielos de la Liga. A partir de esto los hay que apostaron por ver a un Sevilla aspirante a la Liga. Y otros, como el que suscribe, aspirante a un tercer puesto que sería un lujo tal y como está la ratio en nuestro fútbol entre el presupuesto y objetivos alcanzados. Entre estos equipos está ese orgullo de Nervión que lleva diez años marcando el paso victorioso de su mejor calendario futbolero de la historia. No creo que me haya dejado guiar por la pasión. Lo que les cuento es cien por cien puro de oliva. Sin mezclas subjetivas.

El debate desde hace unos días en la orilla blanca viene siendo el valle de forma (nunca de lágrimas) que atraviesan algunos jugadores del equipo. Concretamente los destinados a mover los muñecos. Los finos estilistas. Los que tratan al balón con guantes de terciopelo y envuelven sus pases en papel de seda. Esos jugadores no atraviesan su mejor momento. Los cogió la torrija. Se cansan leyendo el móvil. Es lo lógico. Este equipo lleva compitiendo desde agosto. Y era previsible que en el primer trimestre del año se desinflara. Les pasa a todos las escuadras. ¿Os acordáis del bache del Barcelona? ¿Y el del At de Madrid? Sin tenernos que ir a la primera parte del partido del Real en Nápoles vimos a jugadores top en una alarmante baja forma. Nosotros, pese a llegar al final de los partidos encerrados en el castillo de la defensa porque no hay quien mueva a los muñecos y lleven balones arriba en condiciones de ser rematados con garantías, hemos ido sumando de tres desde que nos enfrentamos a la UD Las Palmas. Más o menos desde que tenemos plomo en las piernas. Y pese al mal partido que firmamos en Vitoria, seguimos sumando y haciendo bueno el dicho de Maresca: si no puedes ganar, empata; si no puedes sumar de tres, suma de uno. Pero el caso es sumar. Y seguimos sumando. Con fatiguitas. Con más carretas que bueyes. Con más corazón que razón. Con más flores que merecimientos. Pero ¿quién ha dicho que el fútbol es una cuestión de Justicia? La Justicia en los tribunales. Ahí abajo, en la grama, ganar, ganar y ganar. Y en eso seguimos. Lo que legitima los sueños de los que creen que pelearemos la Liga.

Ya os digo que yo no creo. Pero que no censuro ni crítico a los que así ven el desenlace liguero del Sevilla. Para mí, si este equipo, que ahora parece salido de un hospital, convaleciente aún de un sustito, gana su plaza en Chmpion cazando zorros en Leicester y se mete tercero en la Liga, ha cumplido más que un padre de familia numerosa a final de mes pagando colegios. No me tachen de falta de ambición. Ni de prudencia excesiva. Algunos dirán: el Machuca piensa como los abuelitos que van a sesenta por una autopista y no ponen el coche de las ambiciones a cien desde que se iba a Huelva pasando por Manzanilla. Vale. Piensen lo que quieran. Pero este año, otra vez, se ha construido no solo un equipo nuevo. Se ha construido un equipo nuevo y con nueva filosofía y nuevo entrenador. Que a estas alturas de la película estemos hablando de lo que estamos hablando ya es de por sí motivo suficiente para acabar con la Cruzcampo y la ensaladilla de Barea. Piénsenlo. Y no se pongan estupendos. Que lo mejor está por venir…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión