Vitolo, a su llegada este martes a Sevilla (Foto: Juan José Úbeda)
Vitolo, a su llegada este martes a Sevilla (Foto: Juan José Úbeda)

El dolor del silencio

En la propuesta que le brindo a Nervión un fantasma sería más visible a nuestros ojos que el que se fue por donde no era
Por  9:48 h.

Estoy seguro de que intentarán provocar al más desavisado, al que posea más pulsaciones que serenidad, al que los nervios sin gobierno lo delate, al que no tenga claro lo que nos jugamos si la emoción imperializa a la razón, dominándola y proponiendo que lancemos piedras sobre nuestro tejado de Nervión. Y, entonces, desde la convulsa emoción de lo irracional, hacernos daños, perjudicarnos muchísimo, cuando no merece la pena que penemos multa ni cierre por un tipo que se fue sin saber que de los sitios, si eres un caballero, te vas con la cabeza alta y sin dar portazos en la misma boca del que te tendió la mano. Ojo con los pajaritos que hoy volarán por el cielo de Nervión. Ojo con los canarios que sobrevuelen la zona cero de la devastada concordia entre clubes por culpa de una salida tan grosera y obscena como la de aquel que fue y ya no es. Olvidado para siempre en el cuarto oscuro de su indecencia moral. Se fue muy malamente. Pero yo no lo voy a recibir, si viene y si salta al campo, con puyas ni latas, con agua embotellada ni refrescos de cola. Simplemente le inflingiré el dolor del silencio. El desprecio de lo insignificante.

Lo que más me preocupa del partido de hoy, con un equipo que está ajustando las velas para que la nave no pierda ni la brisa de la siesta, es que un majareta, con la cabeza caliente y la mano muy larga, haga lo que no podemos hacer, si viera picotear por nuestro prado verde, a un canario pión y de corto vuelo ético. Eso es lo que más temo. Que un comienzo tan espectacular de campeonato, arriba de la escalera, habiendo empatado en el Anfield de las leyendas futbolísticas tras dejar claro que de casta y coraje seguimos bien, lo pueda estropear una vendetta irracional, un ajuste de cuentas por el honor manchado en el corazón de la grada. La mejor devolución de tan bajas maneras, sin que perdamos un ápice de la clase que decimos que nos sobra, es esa que les propongo: el silencio, el dolor del silencio. El desprecio absoluto y rotundo de su inexistencia. En la propuesta que le brindo a Nervión un fantasma sería más visible a nuestros ojos que el que se fue por donde no era. Ese que viene ahora disfrazado de futbolista en tránsito no existe. Ni es ni está. Es un espectro para el Día de Difuntos. Un mármol sin epitafio. Un nicho sin flores siquiera de plástico. Un alma en pena que no se materializa ante nuestros ojos.

En la Maestranza se acuñó el silencio maestrante. Tan demoledor como el insulto. Tan abrumador como una bronca. Hay veces que el olvido es más duro de soportar que la pelotera, la mofa y el desprecio. Yo repartiría hoy en los scanners de entrada al campo media ración de olvido y otra fuente de papas arrugá con el mojo picón del silencio. Ni una palabra para el que no se merece ni el insulto. Ni una. Y pondría la cabeza en lo que le sacamos a su deserción: Los cuarenta principales… Y ya recordando la música de la pastora imperio, si nos pilla entonados, tararearle la banda sonora del Padrino, cantarle una tarantela o dedicarles algunas estrofas de aquel Money for nothing de Dire Straits. Creo que acordarse de la bien pagá es demasiado directo…Pero lo que de verdad de la buena se impone esta moche es lo que siempre hacemos, venga quien venga: poner el corazón en animar al equipo para que sea el equipo el que le devuelva a la grada y al palco el limpio honor que manchó el lindo canarito. No hagan un drama de un dibujo animado. No vuelvan contra nuestros intereses los ajustes de cuentas que nada suman y sí restan y cuestan a nuestra sociedad, a nuestro SFC. Tres o cuatro chícharos con sus avios de estilo, clase y corazón lo ponen todo en su sitio. Sin necesidad, palanganas, de dar una voz más alta que otra. Salvo que sea para animar a este equipo que, sin estar ajustado, sin tener el largo del pantalón y las mangas de las chaquetas perfectamente cortadas, ya nos tiene dando la vida entera en la terraza alta de la Liga. Ahí es donde hay que gritar para que se enteren en la isla y en el Wanda, el mejor estadio del mundo para que dentro de poco tiempo les regalemos una peineta…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión