Mercado, en un lance del Real Madrid-Sevilla FC
Mercado, en un lance del Real Madrid-Sevilla FC

Entre la razón y la pasión

Hemos llegado a una estación engorrosa del trayecto del sevillismo...
Por  9:31 h.

Hay un pensamiento racional y otro emocional. Hay un mundo de datos, cifras y números que parecen incontrovertibles pero que, en un momento dado, no son capaces de vencer la inercia de los impulsos, ni de convencer a ese mundo de sensaciones que crece en el estómago de los que piensan antes con el corazón que con la razón. Hemos llegado a una estación engorrosa del trayecto del sevillismo en esta temporada donde, en el mismo
vagón, mirándose a veces de soslayo, viajan la razón y la emoción, con pocas ganas de estrecharse las manos y decirse a la cara aquello de ha sido un gusto conocerte. Los racionalistas avanzan datos tozudos, tan potentes como los argumentos que dan los números. O sea, este equipo que ha hecho el ridículo en Moscú, Valencia y Madrid, consiguiendo goleadas de partidos de futbito, tiene una hoja Excel de brillantísimo palmarés a día de hoy. Una hoja donde aparecen los 28 puntos que lleva en Liga, su quinta
posición en el campeonato, su derecho a competir en octavos de Champions y una Copa donde tiene que enfrentarse a un Cádiz inquietante y que se crece ante lo verde. Un balance, pese a todo, realmente estimulante, comparado con otras temporadas a estas alturas de la
competición, mucho más descorazonadoras. Y que, curiosamente, tuvieron luego, por mayo, con el calor y las amapolas de plata, una conclusión de campeones.

Los emocionales, los que militan en esa escuela futbolística donde la emoción es capaz de explicarle la realidad, no dejan de argumentar que el equipo está por hacer, ha perdido con sus cuatro rivales directos más con un Atlético de Bilbao sin dientes en sus leones, no acaba de comprender la falta de intensidad de un esquema de juego que ni amuralla su portería ni es capaz, tampoco, de derribar los muros de las contrarias. Para colmo, aseguran sus sensaciones, el equipo tiene modales de damisela, confunde la fajazón del balón con un paso de minué y no se sale de un partido, supuestamente peleado, con más de tres o cuatro tarjetas apuntadas contra los nuestros en el acta arbitral. Para colmo, tras el sorteo Champions, sale un tal Mikel Owen, ciudadano con partida de nacimiento en el Manchester
United de Old Trafford, para dejar sentado que el Sevilla tenía mucho más equipo hace dos años y que también, por entonces, era más competitivo. Un análisis, como mínimo, de parvulito, pese a la cátedra futbolística del citado Owen. Porque ni la temporada actual ha terminado y, por tanto, no puede concluirse en su totalidad. Y porque, resulta evidente, que Owen no tiene para mi la credibilidad de George Best, lo mejor que pasó siempre por
ese equipo.

A Best le debemos un libro de frases del fútbol que sirven para entender la vida y una película sobre su intratable y derrotada existencia. Es uno de esos personajes que te electrizaban dentro y fuera del campo. Su cintura era para bailar en el Bolshoi. Y com o elegante cierrabares nos confesó que “en 1969 dejé las mujeres y la bebida.  Fueron los veinte minutos peores de mi vida” Lo de Owen ha encendido a los emocionales. A los racionales los ha puesto a hacer números y cábalas. Entendiendo que de aquí a febrero hay
tiempo, fichajes y persuasión suficiente en Nervión como para que el equipo cambie su sistema (Emery lo cambió y el vasco tenía la cabeza y la boina de una sola pieza) se muestre fiable para los racionalistas y a los emocionales les inspire seguridad y sensaciones positivas que hoy no tienen. No es fácil conseguir esta cuadratura del círculo. Eso solo está en
manos de los resultados. Algo a lo que yo, a día de hoy, le temo menos que a una Junta de accionistas. Donde realmente se producen entradas más duras que en el campo, juego subterráneo más antirreglamentario que en un derby y desgarros del músculo más importante del sevillismo: su corazón.

Así que ni Césares ni Mandarines chinos. El SFC es de los sevillistas. Y para que siga siendo así, pese a que los racionalistas y los emocionales sigamos discutiendo de lo que hay que discutir, pongámonos de cara para seguir haciendo buenos números en la Liga. Ahí viene el Levante. A por ellos y sin hacer prisioneros. Ya sea con la razón o con el vendaval de la
emoción. Que en febrero ya hablaremos con los de Owen para recordarles lo bueno que era George Best…y lo fácil que lo tuvo el Madrid contra mi equipo tras verlo ayer pasar vértigo en Abu Dhabi contra el prestigioso Al Jazira.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión