Nzonzi cabecea el balón en el Atlético-Sevilla FC
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Un peso mosca en el Wanda

Aspiramos a ser los reyes del toque cuando quisimos creernos los reyes del mambo...
Por  9:34 h.

Viendo lo que tenemos, mejor, lo que no tenemos, me asalta una imagen terrible y dolorosa para encarar lo de esta noche en el Wanda. Verán. Hay varias imágenes para acercarse a la dimensión de nuestra tragedia. Una puede ser la de enviar a una brigada de pacifistas a pelear contra el Isis. La otra, mucho más deportiva, supone discutirle el cetro de los grandes pesos a Casius Clay, poniéndole delante a un peso mosca. Cualquiera de las dos figuras nos vale para hacernos una idea de lo que hoy puede sufrir mi equipo ante las mesnadas del Cholo, por definición aguerridas, toscas, combativas, retadoras y leñeras más allá del reglamento. En otras circunstancias, en otros tiempos, donde, como nos recordaba ayer mismo Iborra, nos bastaba con apelar al coraje, a la casta y a la furia para no hacer el primavera, el sevillismo encararía el partido de hoy con sus buenos kilos de razonable confianza. Hoy no. Hoy todo parece indicar que a Casius Clay
le van a poner frente a sus guantes de acero a un peso mosca. No es descartable que antes de la media hora el ko nos haya tirado por los suelos y que no haya sales suficiente para levantarnos.

Seamos sinceros. Los wandas nos tienen la misma hambre deportiva que nosotros a ellos. Somos polos opuestos. Químicas diferentes. Hay todo un historial de desencuentros entre ambos clubes que, desde hace muchos años, luchamos por instalarnos en la zona de confort de la Liga. Los Wanda parecen que han acertado con su fórmula. La de ser fieles a sí mismo, a su estilo y a su apuesta. Nosotros hemos cambiado la nuestra sin saber muy bien por qué, pese a que la fórmula nos colmó de triunfos y de plata, como si fuéramos los soldados de Alejandro en la conquista de Persia. Aún así se nos fue la pinza y cambiamos nuestra personalidad. Para hacernos jugadores de billar. Aspiramos a ser los reyes del toque cuando quisimos creernos los reyes del mambo. En ese estadio hoy nos espera nuestro destino. Y yo no sé si tenemos fuerzas para escupirle en la cara y convertir la noche en día, la pesadilla en sueño. Prescindimos de nuestros rottweiler, de nuestros boxer, de nuestros perros de presa. El pitbull lo cambiamos por la perrita Marilyn. Razas imprescindibles. Sangre necesaria. Lobos de esos que, juntos con los virtuosos violinistas que encadenaban melodías futbolísticas para ver el Danubio azul a la vera de Nervión, nos convirtieron en una legión invencible. Fuimos una máquina de matar. Hoy un tubo de aspirinas que recupera a un equipo en zona de descenso.

Por eso esta noche me sentiré entre los wandas como un peso mosca ante Casius Clay. Con casi nada a lo que apelar para pensar en una victoria. Pero así y todo, aún me queda en el pozo seco de nuestro coraje, un par de litros de sangre roja, un sorbo de fe y rebeldía para poder resguardar a sagrado el nombre intocable de nuestro honor, de nuestra dignidad, de nuestro orgullo. Yo no apelo a la unión. Ni a esos recursos retóricos de última hora. Yo apelo a lo que en ese vestuario aún debe quedar de lo que fuimos hace tan solo un par de años. A las voces de Coke. A los gritos de Fazio. A los tobillos del polaco. A la jerarquía de Iborra. A la entrega absoluta de Pareja. A los santos negros de Mbia y su eterna sonrisa ganadora. Algo de todo esto, que acumulamos por quintales, debe resbalar por el alicatado del vestuario de Nervión, intentando no caer en el suelo para ser olvidado y pisoteado por la demencia de cambios de estilos injustificables. Hoy, pese a que jugaremos como un peso mosca en un estadio donde, a la menor ocasión, se mofarán de nosotros, sacarán bajo palio la papa arrugá de Vitolo y llenarán de oprobio el minuto sagrado de nuestra historia, aún espero de los míos ese zarpazo del tigre que hemos dejado de ser. Todo lo que no sea morder lo entenderé como un beso que nadie les pidió que regalaran a la bandera del enemigo.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión