Los jugadores aplauden a la afición sevillista tras el derbi europeo en Heliópolis (Foto: SFC)
Los jugadores aplauden a la afición sevillista tras el derbi europeo en Heliópolis (Foto: SFC)

¿A qué le tenéis miedo?

Hoy salís fuera de casa sin abandonar Sevilla; ya sabéis lo que eso significa
Por  12:16 h.

Parecéis niños tímidos, asustadizos, incapaces de abandonar las faldas de mamita. Temerosos de salir de casa, de abandonar vuestro hogar y de saltar a la calle, fuera, lejos del manto protector de la cueva donde se protege la camada, para enfrentarse con el mundo. ¿A qué le tenéis miedo? ¿A qué? Si habéis conquistado montañas preñadas de plata, doblegado la furia de los mares más verdes y atravesado, como si de un paseo triunfal se tratara, desiertos llenos de escorpiones y sal, sin importaros nunca que el demonio se apareciera en forma de miedo y temblaeras. ¿Qué os ha pasado? Seguís siendo los dueños del arrebato más hermoso que puedan escuchar unos oídos educados en el gusto musical de Mozart que, como bien es sabido, era sevillista; por corazón lleváis un escudo bordado con el acero de la casta y el oro del coraje;  continuáis escuchando la orden imperial, rebosante de determinación, de vuestro conjuro antes de cada combate: fuego y cenizas. ¿Todo eso se puede olvidar? ¿Tanto tesoro se puede perder cuando la nave va lejos de Nervión y se deja asaltar por bucaneros de segunda o piratas de barcos podridos? Si antes vuestro trono era de marfil y oro, el de hoy es de cerámica y firmada por el señor Roca. Pertenecéis a una Casa que acepta las derrotas; pero no paga traidores. Que entiende que la vida es un juego de posibles; pero nunca de cobardes.

Hoy salís fuera de casa sin abandonar Sevilla. Ya sabéis lo que eso significa. Ya entendéis lo que eso supone. El que no esté preparado para el combate que se quede en casa, entregue la camiseta y que salga un niño del filial. Ahí, en ese laboratorio, no hay nada que explicar. Se sabe todo desde la primera clase. Blanco y rojo gana; verde y blanco pierde. La victoria está por delante del menisco, de la triada o de los aductores. Se pelea como se siente. Se lucha como se ama. Se gana como siempre. Los cobardes que lejos sólo ganan desprestigio y deshonor, abandonadlos en casa, con mamita. Refugiados en los faldones de la mesa de camilla, calentitos y confortables, como los perritos chicos. Incapaces de enseñar los dientes a quien viene a comerte por los tobillos. Disfrutando con Bob Esponja. A los cobardes dejadlos en casa. A los valientes llevadlos fuera para que los dibujos animados sean los otros. Y cerca de la ciudad del sol en ocaso consagremos un cerdo en honor a Marte. Al Marte Gradivus, el que conducía con paso decidido y firme, a las legiones que se reunían en la Puerta Capena, extramuros de Roma, llevándolas a la victoria y a algo que supera a la victoria: el honor.

Será entonces cuando Nervión se convierta en un altar en homenaje a dios tan osado, valiente, viril y temerario. Virtudes todas que ha perdido esta legión de niños asustados. Que vuelvan con los muertos sobre los escudos y el honor dándole sabor al vino de nuestra Copa. Para dejar sobre el altar de Nervión los despojos y las armas que al contrario le arrebatamos una tarde de Reyes. Una tarde donde los niños se quedaron en casa jugando con mamita a las muñecas. Y los que fueron a conquistar el honor con la piedra de Júpiter, la lanza de Marte y el fuego de Vesta regresaron victoriosos y limpios. Reclamando el trono de marfil y oro que les corresponde  y cerrando para siempre el inodoro del señor Roca.