Los jugadores del Athletic celebran un gol en aquel partido de 2009 ante el Sevilla FC en San Mamés
Los jugadores del Athletic celebran un gol en aquel partido de 2009 ante el Sevilla FC en San Mamés

Calentando el potaje

"Quiero que en el avión de vuelta los míos canten la pasión gitana y la sangre española del malogrado Manolo Tena para ir preparando el jueves santo de Feria"
Por  10:07 h.

De aquella vez que fuimos a Bilbao a comernos el león y nos comimos, en la sociedad gastronómica del Bocho, tres cosas gordas de esa que dicen que se comió el moro Muza, guardo un recuerdo indeleble, definitivo. La poca lumbre que le dimos al puro. La escasa electricidad que le dimos a la colcha. La apatía con la que fuimos a la fiesta. Y pasó lo que pasó. Nadie se enteró o se le olvidó que esos potajes hay que calentarlos sin compasión. Con peligro, incluso, de que se ahumen los chícharos. Que se queme la berza. Pero a la cocina hay que darle todo el fuego que pide una olla de esa categoría. Para comernos un sanjacobo nos quedamos en Triana. Fueron a Bilbao a jugar unas semifinales de Copa como el que va a la plaza de abastos a comprar un kilo pijotas. Con la misma épica. Con idéntica intensidad. Más que a unas semifinales, el ambiente creado durante la semana en Sevilla fue tan de baja intensidad que los ánimos, si fueron preparados para algo, lo fueron para el tanatorio. Y eso nos pasó. Que la fiesta devino en tragedia. Y al equipo se le puso la cara más blanca que a la novia cadáver.

Esta vez se ha apelado a la jambre y a la ilusión. Pero ya sabemos que San Mamés, cuando se enchufa e invoca sus ocho apellidos vascos, empuja más que una herriko taberna. Y si hay que quemar el cajero automático de las ilusiones contrarias, se quema. A base de gritos, consignas salidas del bosque de sus gargantas y una presión que no la aguanta un submarino nuclear. La prensa capitalina se empeñó, durante los años en los que los equipos de la meseta jugaron contra el turco, en situar el infierno entre el Bósforo y la caldera ambiental de sus tifosis. Zurrapa. El infierno estaba aquí. Siempre lo estuvo aquí. En un norte la mar de complicado por muchas cosas y donde los árbitros se amohinaban de tal forma que un penalty en el área del Bilbao se convertía en juego peligroso del contrario. Y si te echabas las manos a la cabeza y le recordaban al árbitro que no servía para hacer de sheriff en “Solo ante el peligro” te daban con la roja en la boca. Tonterías las precisas. Y si hace falta ser más elocuente nos acordamos del campo de concentración del Osasuna. ¿Qué, que no?

Así están las cosas. Ir al norte desde el sur a pelear unas semifinales de Copa no es para ponerse el traje de los domingos. Todo lo contrario. Allí, hoy, hay que salir vestidos como hombres. Con el pellejo por encima de la camiseta y con el corazón tapando el escudo. Hoy no es día para cazar mariposas. Ni para saltar al verde de San Mamés con una canasta de mimbre llena de sándwich y tirarse noventa minutos de pic nic. Hoy es día de limpiarse los dientes por si hay que rompérselos. Hoy es día de afilar el instinto por si hay que usarlo como alcayata para colgar la derrota nacionalista. Hoy es día, en fin, de calentar de tal manera el potaje que a nuestra hambre no le importe quemarse la lengua con la cuchara, sino que deje a los de Bilbao sin ganas de comer y tan canijos como te infla el fracaso. Yo quiero que en el avión de vuelta los míos canten la pasión gitana y la sangre española del malogrado Manolo Tena. Para ir preparando el jueves santo de Feria. Ese día que entramos en la gloria y que a mí me recuerda lo que le dijo Caracol a Arturo Pavón: si no te hubieras casado con mi hija hoy estarías tocando el órgano en una iglesia. Nosotros aquel jueves santo de Feria nos casamos con la gloria. Y así estamos, tocando las palmas por sevillanas en el tablao de los sueños infinitos. Id a por el león, valientes. Es bizco como Daktari…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión