Los jugadores del Sevilla celebran el título logrado en Varsovia (Foto: Raúl Doblado)
Los jugadores del Sevilla celebran el título logrado en Varsovia (Foto: Raúl Doblado)

De buen año

El brindis con un paragüero de plata sería la mejor forma de despedir un muy buen año para verle la cara al próximo.
Por  9:54 h.

Hoy despide el Sevilla en su campo a un muy buen año. A un año que sumó más Europa, más plata, más prestigio y más felicidad. Se nos va otro buen año de los muchos que ya hemos vivido y saltado durante estos últimos tiempos. Si yo tuviera mano en Nervión, hoy no se me escapaba brindar con el público al final de la partida. Bebiendo en las copas que conseguimos a base de buenos equipos dentro y fuera del campo. Hubo gobierno en el mármol de la parte noble del Pizjuán y mucho sentido del futbol sobre la grama de nuestro estadio. Con una grada impagable en su entrega y también, en su nivel de exigencia. Ese gen que nos diferencia de tantos otros clubes españoles. Tres sumandos que dan el resultado final que les comento. Otro año más viendo granar en mayo la flor de Nervión para que a la ciudad se la conozca muy lejos de nuestro territorio. Somos de las pocas cosas que crecen en esta ciudad que siguen en el paraíso. Han quebrado empresas, han emigrado talentos, hemos perdido oportunidades industriales, hemos fracasado en objetivos irrenunciables pero, el SFC, la sociedad que más felicidad reparte entre su cuerpo social, sigue creciendo entre un mar de esqueletos y de mariposas muertas. Es el nuevo valor añadido que sigue prestigiando a nuestra ciudad.

Por eso hoy, al final del partido, tras encerrar a los periquitos en una jaula de la Alfalfa, jugadores y afición deberían brindar por el nuevo año con un paragüero de plata desbordante de cava español. Y caer borrachos de éxito. Frente a los protestantes que, en su derecho están, ven pájaros negros sobre el blanco muro de nuestros logros, sigo pensando que hay motivos sobrados para sentirse honestamente satisfechos con la institución y el equipo. Aquí no se compite para que el tren de la bruja no te lleve a segunda. Aquí no se compite para que Lorenzo Lamas, el rey de las camas, te deje un colchón mullido donde no pasar frío en mitad de la tabla y dormir el sueño de creerte de Primera porque sesteas en el anonimato. Aquí los objetivos no son sobrevivir. No es agarrarse al madero tras el naufragio y buscar una isla con agua y sombra. Aquí se pelea para seguir ganando, que es el objetivo de cualquiera que no sea discípulo de guru Maharachi o de la pandilla de Bubu, aquel osito pesimista que acompañaba a Yogui en los dibujos animados. Julio César, el que tiene calle en Sevilla y alguna vez gobernó sobre Roma, dijo que nada es tan difícil que no se pueda conseguir con coraje. Desde que ese coraje se hizo realidad a base de inyecciones de testiculina moral en la consulta del doctor Caparrós, ese coraje nos lleva a entender la competición como una pelea sin cuartel para estar entre los mejores. Ese es nuestro sitio. Lo demás es insoportablemente intrascendente.

El brindis con un paragüero de plata sería la mejor forma de despedir un muy buen año para verle la cara al próximo. Donde los retos siguen ahí para enfrentarlos y reducirlos a la suma de nuestro intratable paso de vencedores. Hay una afición que se merece el reconocimiento de la institución. Esa que sigue acudiendo a Nervión cuando Nervión la necesita y cuando sabe que en Nervión se ve lo que no se ve en otras partes de Sevilla. Jagger, su diabólica majestad, no se cortaba un pelo a la hora de decir las cosas. Una vez se dejó caer con mil watios de mediática sinceridad: si mi foto aparece en una portada de una revista, no me importas lo que se diga de mí en la página 96. Aquí, desde hace una gavilla de años, el Sevilla sigue siendo materia de primera página internacional. Y no quiero contaros lo que se dice de nosotros en las página 96. Feliz año, palanganas.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión