Aficionados sevillistas en la grada del Calderón
Aficionados sevillistas en la grada del Calderón

Dios es Biri

Estoy seguro de que Dios ni es brasilero, ni argentino, ni Biri. Pero que sobre el club de Nervión caen bendiciones celestiales no me caben dudas ninguna
Por  11:07 h.

Un bético al que le guardo amistad y ley me decía el otro día que, en su chat, exclusivo para la gente de la verdina, se llegó a discutir que Dios era palangana. Uno de ellos le respondió al grupo: no. Dios no es sevillista. Es Biri. Los brasileros mantienen que el Todopoderoso porta la bandera de su nación, la que pregona orden y progreso y viste la casaca canarinha. Y los argentinos le implantaron a Maradona la mano del Todopoderoso. El caso es que, sin darnos cuenta, hemos convencido a Dios para que se haga aficionado a este bendito deporte. Al Papa Francisco, que es gente en los pasillos del reino de los cielos, se le imputa que entre él y su predecesor, el pastor alemán, convencieron al bendito para que abandonara a Brasil y torciera por Alemania en la durísima derrota brasilera sufrida en el último mundial. Un deshonroso 7 a 1 de patio de colegio. La nueva nacionalización de Dios en la teología futbolera adjudicándole patria sevillana y de familia Biri no creo que vaya a ser la última. En cualquier caso refleja bien a las claras cómo están las cosas por Sevilla. Donde la quinta copa de la Uefa , la tercera de Emery, volvió a rebosar de alegría a buena parte de la ciudad. Estoy seguro de que Dios ni es brasilero, ni argentino, ni Biri. Pero que sobre el club de Nervión caen bendiciones celestiales no me caben dudas ninguna.

La politización del fútbol aún es más chocante que su teologización. La otra Copa jugada por el Sevilla FC en menos de cuatro días durante la pasada semana estuvo ácidamente politizada. No por culpa de los sevillanos, que se encontraron con el cesto podrido por perversiones previas. Jugar hoy contra el Barcelona, borracha como está media Cataluña con sus ideas independentistas y su peculiar interpretación del derecho a la Libertad de expresión, te garantiza la humillación sin reservas de los símbolos comunes a todos los españoles. Es un hecho. No una interpretación. Todavía no he visto en el Sánchez Pizjuan ni en el Benito Villamarín que se queme una estelada ni que se le arrebate a un padre delante de sus hijos una cuatribarrada, que es la bandera constitucional de Cataluña. Solo he visto pitadas sinfónicas orquestadas por el emergente separatismo en el campo de los que se creen que el Barça es mucho más que un club. Le pitan al himno, le pitan al Rey y le pitan y le escupen a todo lo que no sea suyo. Y eso es libertad de expresión. Cómo será el asunto que, en la celebración que se montaron en su estadio por la Copa del Rey ganada tan agónicamente, un jugador español, Iniesta, no tuvo más huevos que gritar un visca Cataluña, un visca el Barça y un ¡visca Fueltealbilla! Su pueblo. Llega a gritar Viva España y se lo comen dentro de una barra de pan tumaca. Para quedarse bizco de verdad.

Dios no es Biri. Pero mi gente, la de rojo y blanco, la que va a jierro con su equipo viviendo el fútbol en estado puro, se ha ganado el cielo. Una secuencia fotográfica de Alejandro Ruega que corrió por las redes, recogía a Piqué aplaudiendo a la afición sevillista que acaba de perder la Copa. Cuatro días antes, el entrenador del Liverpool, se preguntaba cómo siete mil voces podían hacer callar a las veintitantas mil que se suponía arropaban al suyo. Misterios de la música que lleva mi gente en la garganta y en el alma. Sin perder el compás. Ni perder los papeles del fútbol. Cavernarios los hay en todos los lugares. No se salva ninguna orilla. Porque al fútbol se va a ganar, a perder o a empatar. Pero sin que se olvide la educación. Hemos sabido ganar y hemos perdido dando la sensación de que hemos ganado. Ha sido un año maravilloso. Que yo no tengo inconveniente alguno de volver a repetirlo. Siempre y cuando Dios entienda que aquí somos especiales y mis amigos béticos lo hayan hecho Biri.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión