Tifo en el derbi Sevilla-Betis: Se formó la gozadera (Foto: Raúl Doblado)
Tifo en el derbi Sevilla-Betis: Se formó la gozadera (Foto: Raúl Doblado)

Estados Unidos

"No sería justo ni razonable que una cuadrilla tan leal, valiente y poderosa, en un ataque de ira, se enfrentara entre sí"
Por  9:45 h.

Una de las cosas que más me emocionan de la Constitución norteamericana es que busca, tanto en el espíritu como en la letra de su articulado, la felicidad de los hombres. Los estados unidos de Nervión, con casa muy blanca en el rojo Sánchez-Pizjuán, tienen problemas de soldadura y uno de sus goznes fundamentales que articulaba su magnífica cohesión interna ha saltado por los aires. Como si fuera hojalata. Ese gozne unía la base del club. ¿La base o también la altura? Posiblemente ambas cosas. La base y la altura institucional de un grandísimo club: su afición. Una afición que, tras sufrir en Almendralejo y en El Salto del Caballo, atravesando desiertos de chumberas con manos espinadas por la sequía de la devastación deportiva e institucional, nunca le dio las espaldas a su equipo. O sea: a su escudo, a su bandera y a su fe. Fue de la mano con los de colorao mientras los de colorao fueron mendigos. Y desde hace diez años acompaña al equipo en aviones que salen desde Sevilla, Málaga o Faro para hacerse rico con la plata de Europa. Pasamos de tiesos y graves a repartir tacos de felicidad. Nos sobra  eso tan difícil de alcanzar por los hombres: la felicidad. Nos sobra. Y todo ese capital lo conseguimos unidos. Juntos.

Tan apretados como el musgo a la piedra. No sería justo ni razonable que una cuadrilla tan leal, valiente y poderosa, en un ataque de ira, se enfrentara entre sí, los corrientes con los pateros, los fijadores con los costeros,   para volcar el palio de nuestro nombre más dulce y  dejarlo tirado en mitad de la calle. Hoy debe ser un día de felicidad absoluta. La envidia de la Constitución americana. Pero ese estado de ánimo, envidiado desde fuera y desde más cerca, sucumbe a las mejores armas del cainismo local. Lo estamos destrozando. Somos como aquella novela de Dostoievski que nos hacían leer de pequeño, “Los hermanos Karamazov”, una visión realista y brutal del enfrentamiento entre hermanos. Los que han jurado bandera en la Casa Blanca de Nervión y sienten y sufren en blanco y rojo, no acabamos de entender esta guerra civil que, como la yesca al rastrojo del verano, ha convertido en un incendio devorador lo que fue un mar de felicidad. Es muy de aquí eso de asesinarnos entre nosotros. De acuchillarnos cuando estamos tocando el cielo. Es como si, por una abominable mutación genética, no estuviéramos preparados para ser felices. Necesitamos la herida en el costado, la sangre en el pañuelo y el dolor fratricida en la boca agonizante del otro para, una vez construido un castillo tan hermoso y mágico que ni en Disneylandia se encuentra otro igual, pelearnos y derribarlo. Destruirlo.

Hoy tenemos una cita de octavos de la Champion League. Octavos de la Champion. No os hablo del trofeo de verano de la Cañamera. Octavos de la Champion. Con todos los aurúspices viendo en el buche de los palomos del Aljarafe los signos más favorables para que sigamos por la senda de los campeones y nos coloquemos en puestos de relumbrón en la lista de los mejores clubes de Europa. Haced lo que queráis. Pero esta noche el enemigo no es ni el sur ni el norte. Ni el este ni el oeste. El enemigo es el equipo de Ranieri. Los nuestros, los de Nervión, siguen siendo los de colorao. Por ellos y con ellos seguimos siendo la base y la altura de la institución. Juntos hemos remado para atravesar océanos de incertidumbres y penas. Y juntos llegamos a Eindhoven, Glasgow, Mónaco, Turín y Basilea, en la moto del abuelo o en el avión de la gozadera, pero siempre juntos. Jefferson, que fue uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, dejó dicho que le gustaban más los sueños de futuro que la historia del pasado. Nuestra Historia está ahí y hemos sido protagonista de ella. Pero yo quiero seguir soñando juntos para que el futuro sea tan grande como el que hemos protagonizado estos diez últimos años hasta reventar de felicidad. Palanganas, hoy más que nunca y nunca tanto como hoy, me gustaría vernos tan unidos, tan juntos que intimidáramos de tal forma a los ingleses que, con tres naranjas amargas de Mateos Gago, se fueran contentos para las islas…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión