Banega celebra su gol ante el Málaga junto a Navas, Muriel y Correa
Banega celebra su gol ante el Málaga junto a Navas, Muriel y Correa

Etapas montañosas

"Si se quiere estar ahí arriba y seguir marcando el paso de un equipo de la clase media alta, no caben más opciones que sufrir, pegar y ganar"
Por  10:19 h.

Con la dureza propia de las etapas de alta montaña, esas que te meten en doscientos kilómetros tres puertos seguidos que rozan las nubes para romperte las piernas y volver loca la clasificación general, enfrenta el SFC una serie de encuentros intensos y muy exigentes. Está de más meternos en describir y pormenorizar los desafíos. Nos los sabemos de memoria. Sí cabe avivar la memoria y recordar que estas exigencias solo las tienen los equipos con más frentes abiertos que Siria. Y cuyos balances no perdonan ni resbalones ni equivocaciones. Si se quiere estar ahí arriba y seguir marcando el paso de un equipo de la clase media alta, no caben más opciones que sufrir, pegar y ganar. Lo demás sobra. Es literatura de novela de quiosco. Los grandes equipos no se miden con esparrin de gimnasio. Alcanzan su altura real enfrentando y superando peleas como las que nos esperan. Una tras otra. Como un encadenado de retos en los que no te puedes permitir ni los despistes ni los brazos caídos. O sales a morder y al cuello o mejor te quedas en casa viendo Masterchef.

Bilbao y Valencia son equipos de nuestra liga. Equipos a los que hay que saquearlos y noquearlos para que la cuenta particular nunca juegue a favor de sus intereses. Que son muy parecidos a los nuestros. Son adversarios directos, enemigos deportivos con los que hay que medirse y apartarlos de la carrera. Condenarlos a que en la clasificación te miren el culo. Son confrontaciones de las llamadas termómetros, que miden el buqué de tu juego y el tono de tu marca en batallas donde se cimienta tu fama. Los oráculos no se ponen de acuerdo. Unos dicen que el parón nos ha podido venir bien. Otros sostienen todo lo contrario. Hay que manchar el papel blanco con los renglones de las expectativas. Pero nadie tiene clara esa respuesta. La respuesta no está en el viento. Está en el vendaval de liderazgo, jerarquía y juego que esté dispuesto a desparramar nuestro equipo en esos dos campos tan esquivos. Hay que romperse la boca. También lo otro que cuelga y que, a veces, una de las aficiones más bravas de España invoca desde las gradas para que el equipo deje la mansedumbre y recuerde que los huevos no solo gustan con papas fritas.

LaLiga es muy larga. Pero hay ligas pequeñas que te sirven de espejo y anticipan el carácter de un equipo y su disposición para encarar retos exigentes. Estos partidos, más el que disputaremos en las tierras heladas de Rusia, entran de lleno en esa definición. En ese marco de revelaciones de la personalidad de un equipo. Subidos en la bici, este equipo que hasta el momento inspira más alegrías que llantos, afronta ya una de esas etapas donde las piernas se rompen, los pulmones explotan y las camillas se llenan de atletas a los que hay que masajearles hasta el alma. Fundamental para que se regrese a Nervión con la mochila repleta de puntos y el corazón tan entero y contento que, sin pecar de locos y abombados, la grada susurre: hay equipo para seguir siendo felices. Las tortillas y las espinacas con garbanzos forman parte de otro menú que ahora no toca. Cuando toquen ya habrá tiempo de decirle al camarero lo que a nosotros nos sobra…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión