La afición sevillista, el pasado jueves
La afición sevillista, el pasado jueves

Hey Jude

(A Peter Ratso and The Siderals, con arrimo y sin arrimo)
Por  10:11 h.

Era una canción larga, melancólica y dulce para bailar con una chica adorable que no te pusiera palanca en los hombros. Se titulaba Hey Jude. Muchos de vuestros padres se enamoraron bailándola. Y en una de sus estrofas decía: “Hey Jude, toma una canción triste y mejórala /Recuerda dejarla dentro de tu corazón/ y luego empiezas a hacerla mejor…” Que me perdonen aquellos insuperables chicos de Liverpool. Hey Jude pudo vender millones de discos. Pero ¿de cuándo, cómo y habla un himno de fútbol como el de los míos cierra las discotecas por las noches? ¿Habéis cerrado alguna vez una disco bailando el himno del Madrid, del Barça, del Milan o del Bayern? Pues con nuestro himno se cierran las noches más alegres y disfrutonas. Como la de hoy en Basilea. Hey Jude era una canción muy triste, es verdad. Y a la vez esperanzadora. Llena de cierta gracia redentora. Pero la que canta mi estadio como si fueran cuarenta mil Beatles pero con más compás es un disco de platino que no tiene necesidad de que nadie la mejore. Es buena de por sí. Y tiene también la melancolía, la belleza y la redención de todos los grandes temas que hacen sentir a millones de personas. Con Hey Jude la gente bailó y se enamoró. Con el himno del Arrebato la gente canta y pelea. Que es de lo que se trata cuando el norte se desencuentra con el sur con un balón de por medio y un simpecado de plata que ganar.

Yo he preferido recoger el arroz del suelo de la iglesia donde Eleanor Rigby vivió su sueño matrimonial para arrojárselo esta noche a mi equipo, casado una y mil veces con un destino que ya no tiene nada que ver con el Yesterday que cantaba McCartney. En esa maravillosa balada Paul se preguntaba, desolado, ¿por qué ella tuvo que irse? Nadie se va a ir de nuestras manos porque ella sabe dónde está su casa, sabe quién la quiere de verdad y sabe que no hay besos más cálidos que los de Nervión. Como A Michelle le cantaremos con el corazón aquello de “Michelle ma belle/ son palabras que juntan van bien”. Y juntos estaremos, por quinta vez, con la señora de plata, con la princesa de tus sueños. Nuestro Yesterday fue duro. Una condena perpetua que jamás anunciaba la bendición final de tanta tortura. Hoy al Yesterday le contestamos con la gozadera latina y sureña, de arroz con habichuela. Porque Nervión me lo regaló. Y del Guadalquivir somos tú y yo. Y siento, me consumo, me desangra ese orgasmo cósmico que nos vacía cuando pronunciamos tu nombre: ¡¡¡¡Sevilla, ahhhhhhhhh!!! Hemos alcanzado ese estado de conciencia tras superar nuestro propio destino, tras vencer a las estrellas que dibujaron sobre un cielo de bajíos y oscuridades tenebrosas el mapa de la desesperación. Ya estamos libres de la condena. Y como aquel Black bird que Paul compuso para los pájaros que cantaban solos en la madrugada, podemos decir: “toma estas alas rotas y aprende a volar/ toda tu vida”. Aprendimos y no hemos dejado de volar muy alto. Tanto como la Fe que roza el cielo de nuestra torre más fuerte. Al igual que en Come together, vamos juntos y tenemos los pies morados de jugar al futbol. Y nos gusta más el botellín de Cruzcampo que la pinta inglesa. Y, por los clavos de Cristo, ¿hay comparación entre la avenida de Dato con Penny Lane?. Vamos a por la que nos pertenece. Para que la quinta marque en nuestras camisetas un signo de distinción. Un referente de que también dominamos en Europa.

Un submarino blanco y rojo surcará el aire hasta Basilea. Y dentro se agolpará nuestra gente en un mayo rojo de amapolas y vinos como sangre de toro. ¿Cómo olvidar la alegría del Submarino amarillo? Cantaban con la melopea de la felicidad que “Todos nosotros vivimos en un submarino amarillo/ Y todos nuestros amigos están a bordo/ Y la banda empieza a tocar…” ¿Qué canción? ¿Qué tema? Podemos quedarnos con Twist and shout y repetir, hasta la saciedad, aquello de nena agítate, lo haces muy bien y hazme saber que eres mía. La nena de plata nos ama. O bien declarar que no somos sospechosos de engaños y que All my loving es la mejor canción para demostrarte que, Sevilla, siempre te seré fiel. Dicen que ellos no caminan solos. Anda que los nuestros van huérfanos de calor y apoyo. Llevan su libro y su canción. Y así se le puede dar la vuelta al mundo. Ya llega el sol, querido Harrison, ya llega el sol del sur a calentar Basilea, a calentar las frías noches de invierno, esas que según tu canción son largas, solitarias y tan tristes que parece que duran años. Ya llega el sol sevillano que despunta por el cerro alto de Nervión, donde a la Giralda se la acaricia sus rosados labios, para cantar contigo que si el sol llega, todo está bien. Divino. Maravilloso. Podrán llorar dulcemente vuestras guitarras para preguntarse, como en el estribillo de Eleanor Rigby, ¿tanta gente solitaria de dónde viene? Mirad para otro lado. Nunca a los nuestros. Nosotros vamos todos juntos, come together para que te enteres inglés. Sin que nos escolte ningún sargento Pepper. Ni haya que gritar Help. Nos acompaña la fantasía occidental de Silvio. Aquel que fue capaz por amor de renegar de un coñá y tomarse un tinto. ¿Hay renuncia mayor? El pudo cantar Hey Jude. Pero se quedó con la Ragazza del elevatore. Esa chica que nos acompañará hasta la gloria de Basilea. Esa que no tiene nada que envidarle a Michelle, a Liverpool y a los Beatles cuando mi estadio hace del Arrebato una sinfonía cósmica. Con tanta hambre de victoria que es capaz de convertir Hey Jude en unas alegrías de Cádiz…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión