Emery, concentrado
Emery, concentrado

Ir de guapo

"Por ir de guapo en Isla Cristina nos vendieron un par de toallas portuguesas para limpiarnos las lágrimas de la derrota"
Por  10:23 h.

Dicen que el pasado domingo, cuando el Sevilla jugaba contra un Valencia diezmado por su impotencia y mal carácter en el terreno de juego, Emery le dijo a uno de los chicos que había que seguir jugando como si, en frente, hubiera once murciélagos. Once jugadores del equipo ché. Confianzas solo con la novia. Con el adversario, inferior en todo al Sevilla esa noche, había que seguir en estado de alerta, en estado de máxima concentración. A veces por ir de guapo por la vida el más enano y contrahecho te pinta la cara y te pone la boca del revés. Eso hicieron los jugadores sevillistas. No se permitieron ninguna confianza pese a que jugaban con un equipo, numéricamente, de fútbol nueve.

Imagino que Emery, desde que entraron el domingo en los vestuarios con tres puntos más en la talega, empezó a decirles a los jugadores de Nervión que, en Logroño, menos paso quiero. Que hace unas semanas fuimos a Lugo y nos volvimos con dos quesos gallegos, para ir haciendo boca de que, en esto de la pelota, el más torpe hace catedrales de mármol. En Logroño se encara el Sevilla con la única competición, salvo la liguera, donde puede crecer y darle alguna alegría a su deseuroperizada afición. Nos han echado de la Liga grande europea como se echa a los niños imberbes de los bares cuando van a pedir agua y hay cola de clientes esperando a que le sirvan una cerveza. -Niño, anda y ve a tu casa a beber agua, hijo…

Pues un poco así nos hemos ido de la Europa máxima. Por lo que el partido de hoy en Logroño se debe encarar con todas las ganas que, me consta, tiene este equipo para darles una alegría en el Pizjuán a sus incondicionales que lo demuestran cada domingo. En la bitácora de navegación copera del SFC hay escollos y naufragios en este torneo que solo los superan el desastre de la Invencible. Bien es verdad que de esa contingencia no se salva nadie. Desde el Madrid al Bercelona. Desde el Sevilla al Bilbao. Pero por ir de guapo en Isla Cristina nos vendieron un par de toallas portuguesas para limpiarnos las lágrimas de la derrota. Y con el Santander nos dieron tal disgusto que pasabas por la Flor del Toranzo y te doblabas de pena. Ir de guapo en Las Gaunas no es nada aconsejable.

Por el contrario, hay que ir dispuestos a luchar con un campo pequeño y con unos tipos que darán más patadas que un cigarrón en una lata. Es el fútbol de la España profunda donde hay que medirse, en coraje, casta, valor y sin visos de amaneramiento, para salir con la cabeza alta y no engrosar nuestra lista de batacazos coperos por ir de guapo. Del Logroñés uno recuerda a Abadía (anda por ahí haciendo publicidad en radio) y de Aimar, aquel argentino que vino de Rosario Central para darle vidilla al club de los buenos vinos. El mismo que, para electrizar a sus jugadores, antes de que salieran al campo, les pegaba un piñazo en el pecho que les dejaba la caja como si les hubiera caído encima el Leroy Merlin. Emery no les da esos directos a sus jugadores. Pero la oreja ya se la tiene a todos machacada con un único mensaje: confianza solo con la novia. En un partido presumiblemente feo, frío y hosco lo único que importa es hacer tu trabajo, meter dos goles ( a ver quién ) y volverte pronto para casa.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión