Konoplyanka, durante un entrenamiento (foto: Jesús Spinola)
Konoplyanka, durante un entrenamiento (foto: Jesús Spinola)

Konoplyanka se cabrea

El problema de Kono es que lleva ya al menos dos entrenadores con los que no ha roto en nada
Por  10:08 h.

Nadie tiene que participar de esta opinión. Sustentada más por la memoria, siempre tan desleal, que por datos objetivos. Pero soy poco fan de los futbolistas rusos. Los que vinieron a la liga española no fueron muchos. Pero también fueron muy pocos los que despuntaron en equipos de la liga mayor. Mostovói, Karpin, Chéryshev… alguno más habrá por ahí que la lejanía en el tiempo me nuble al recordarlo. Pero no estimo que, a diferencia de jugadores de otras procedencias, tuvieran la particularidad de adaptarse sin problemas a un fútbol como el español y a una forma de vivir como la española. No estoy diciendo que todos lo rusos que vinieron en su día fueran jugadores de bajo perfil competitivo o técnico. Estoy diciendo que, por las razones que fueren, aquí triunfaron dos o tres. Y entre ellos no podemos contar ni a Kerzhakov ni a Konoplyanka.

El ucraniano, área de influencia de la antigua URSS, ha pegado un petardazo sonado en la Bundesliga, donde ha jugado poco más de mil minutos. Discutirle a Kono sus sobrenaturales condiciones técnicas sería materia de código penal, altamente delictiva. Kono sigue en posesión de un cambio de ritmo propio de la casa Lamborghini y de una cintura para gritarle ¡olé tus castas todas! en el Potaje de Utrera. Pertenece también a uno de esos futbolistas que tratan al balón como a una madre, acariciándolo con el mimo y el amor que define el carácter de un pelotero. Aún así, pese a tenerlo todo para brillar en la constelación de los intocables, nunca pasó del deseo a la realidad.

En unas declaraciones que conoceréis todos, recogidas ayer en estas mismas páginas, acusó a su entrenador de cobarde. Las relaciones entre jugadores y entrenadores casi nunca son idílicas. Y nos las preside la razón de las ciencias matemáticas. Isco no jugaba con Emery en el Valencia. Luisfa era un inadaptado de neuronas paralizantes en Portugal. Y Banega casi se pierde entre las telarañas de los banquillos del Inter tras comprobar en el Sevilla que jugaba hasta las partidas de billar de las concentraciones. El problema de Kono es que lleva ya al menos dos entrenadores con los que no ha roto en nada. Tan solo en una triste decepción. Sentar en el banquillo durante la mayor parte de la temporada a un tipo que ha costado 15 millones de euros no es, precisamente, de cobarde. Al revés. Hay que ser muy valiente para hacerlo y no todos los entrenadores lo hacen. El bueno de Kono se ha acordado también de Sevilla y ha dicho que si lo llega a saber no se va de este club. La vida tiene esas cosas. Que salvo para los clarividentes, el futuro jamás se nos revela. Cuando se traspasó a Kono me pareció que el Sevilla hacía una buena jugada. Magnífica jugada. Porque dejaba marchar a un paracaidista que no se llevaba demasiado bien con los aviones. No sé si volverá a su tierra. Pero si tiene algún resquicio para volver a deslumbrar en los campos de fútbol es jugando en Ucrania. Donde todo le seguirá pareciendo familiar y solo tendrá que adaptarse a la frustración de no haber sabido ser estrella lejos de su cielo. Cosa que tampoco es condenable. Hubo jugadores que repartieron felicidad de cuatro a seis de la tarde en muchas canchas de donde no necesitaron salir para ser felices. Que se lo pregunten sino al Trinche Karlovich o a aquel Pinedita que tanto ponderó Diego Armando Maradona en Sevilla…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión